El Pensamiento de Buenaventura Luna
martes, 16 de julio de 2024
lunes, 15 de julio de 2024
Narrar lo propio
Desde
hace unos días venimos publicando fragmentos de escritos –por ahora
mecanografiados, pero pronto llegarán los manuscritos- que están entre los invaluables
“papeles sueltos” de Dojorti/Luna.
El que hoy
compartimos (junto con el escaneo correspondiente al fragmento que citamos),
tiene algunas particularidades que vale
la pena señalar. Se trata de la primera parte de una narración que Buenaventura
ubica en la imaginaria localidad de “Maclacasto”, y este relato estaba
destinado a salir al salir en “V Doble Zafarrancho Vocal”, la segunda de sus
audiciones en la antigua Radio Graffigna de San Juan, allá por 1936.
Al final de esta
primera entrega de su texto, Luna decía: “Amigos de V DOBLE: Esto se va haciendo
demasiado largo. Con la licencia de Uds., continuaré mañana este relato que,
como ya se ha dicho, denominamos “Descripción de Maclacasto, pago de los
gauchos pobres”. Y debajo de estas líneas, mecanografió los breves anuncios de
la Farmacia Yanzi (de Rivadavia y Sarmiento) y de los taxis “estacionados en la Plaza de Mayo”. Lo
cual confirma que siempre escribió las publicidades de sus programas.
Respecto del
contenido propiamente dicho de su estampa, diremos lo mismo que ya dijimos en tantas
oportunidades: resulta imprescindible narrar lo propio porque, como es sabido,
no se ama lo que no se conoce.
DESCRIPCIÓN DE MACLACASTO,
pago de los gauchos pobres
SABADO- Hacia el poniente de piedra y nieve, la media tarde voltiada ya
va queriendo atropellar las tranqueras que dan campo a la noche. Están pagando
en “Los Jasllampes” de Maclacasto, pago de los gauchos pobres. Contra la
compuerta del almacén –establecido en un cuarto esquinero del viejo caserón- se
apretuja la pionada: hombres, mujeres y niños de toda laya y tamaño, en
pintoresco abigarramiento de pantalones de jerga, batas azules, percales
lunarejos o floreados, mantos oscuros y cotas de lienzo azargado, que el día
del estreno posiblemente fueron blancas…
Abigarramiento de trapos y de carne cansada
y hambrienta: campañistos, pastoreadores, camperos, regadores; chinitas
segadoras, alzadoras de trigo o quebradoras de maíz; mujerucas con labores a
destajo: chuchoqueras, tejedoras, hilanderas, majadoras, entrojadoras,
deschaladoras….; changos negritos –carnes magras y ojillos bailones de
malicia-; loriadores, langosteros, alquicheros, ovejeros…, todos niños con el
alma silenciosa habituada a la soledad de los campos, con sus alternativas
escasas pero siempre serias: la persecución del zorro, la lucha contra la
víbora y la “uplupa”, la caza de pájaros
a live u honda, el hurto de pichones de los nidos… Niños, changos campesinos,
escépticos y desconfiados por razón de ambiente… Niños que tienen en más estima
la diligente y leal amistad de su choco lanudo y olfateador, que los pone sobre
aviso de todo peligro y posibilidad de aventura, que no la palabra casi siempre
interesada y artera de sus semejantes.
sábado, 13 de julio de 2024
Leal a mi destino
En otro de sus “papeles sueltos”, Buenaventura
Luna mecanografió este pensamiento que, hoy más que nunca, mantiene su vigencia:
“Pero
leal a mi destino,
como el gaucho Martín Fierro
tiro mi flete al destierro
y a la vieja toldería…
¡Pobrecita, patria mía
al contemplarte me aterro!”
martes, 9 de julio de 2024
“Los civilizadores sin pueblo”
Vayan, en este 9 de Julio, estas reflexiones
que Buenaventura Luna mecanografió –en uno de sus famosos “papeles sueltos”-
como introducción para el vals “Los Últimos Gauchos”:
“Tuve
en mi pago, en un tiempo,
hijos, hacienda y mujer.
pero empecé a padecer…”
Es el gaucho. Hijo de aquel que anduvo
contrapuntiando malambos de muerte tras el poncho de Balcarce, tendido como una
bandera de redención a todo viento.
Un
día se cinchó el culero y se ciñó la vincha -esa misma vincha de la doma y la cuadrera
allá en las pampas- porque sabía que el galope iba ser largo…, hasta la mesma
boca de los cañones españoles. Y se terció a la espalda la guitarra, porque a
eso iba: a cantar los cielos de la revolución, las cifras de las marchas
esforzadas, las bagualas de la victoria en los campamentos de Belgrano, en los
fogones gloriosos de Martín Güemes, gaucho siempre y General a ratos…
Y
otro día…, en la Posta de Humahuaca sofrenó el caballo sobre la rota artillería de
La Serna, sobre astillas de fusiles y cañones…, y tantió la rienda, pa´
volverse a la querencia, al rancho perdido cuatrocientas leguas adentro de su
pampa grande…
Volvía
con la vincha tinta en sangre y el cuero en gracia de las cicatrices, pero
traía soles de gloria en el culero!... Y la guitarra llena de sonoros himnos
victoriosos… Y el drama es ese: porque después, los civilizadores sin pueblo,
los dirigentes sin masa argentina lo condenaron porque no podían soportar en él
–tan sencillo y tan creyente y tan patriota- la presencia abrumadora de su
grandeza y de su gloria. Los avergonzaba…
Un
comisario le arrancó la vincha, le quitó el cuchillo, le robó el culero de los
soles inmortales de Tucumán y Salta… Y el drama es ése:
“Al
ranchito lo quinché
cuando golví de la guerra…”
viernes, 28 de junio de 2024
martes, 12 de diciembre de 2023
"En todo soy argentino y en todo soy Nacional"
Para continuar celebrando la dichosa iniciativa de renombrar a Radio Nacional Jáchal y agregarle el nombre de Buenaventura Luna, compartimos parte del mensaje que nos hiciera llegar el Profesor Javier Nicolás Llanos, director de la emisora, quien nos comunicó la noticia destacando la “colaboración desinteresada del Prof. Mario Omar Echegaray, persona ligada estrechamente a la vida cultural de nuestro pueblo y también de Domingo Ernesto Jofre, locutor y trabajador cultural de nuestra emisora, quienes acudieron inmediatamente para aportar su granito de arena en la fundamentación para tan importante hecho y considerado acto de justicia en homenaje a nuestro máximo exponente Don Eusebio de Jesús Dojorti”.
Es muy sustantivo, también, que Llanos puntualice que esta decisión representa la “voluntad de todo un pueblo y sobre todo, de todas las personas que conformamos LRA 51 Radio Nacional Jáchal y Radio y Televisión Argentina por cumplir y realizar tan importante hecho trascendente que nos enorgullece a todos”, palabras que se reflejan en las imágenes del acto realizado el día 7 y de las cuales seleccionamos un par que esperamos representen a quienes hacen RN Jáchal: sus trabajadoras y trabajadores.
De nuestra parte, quisiéramos hacer un pequeño aporte que acompañe tan
importante y emotiva decisión, y para ello nada nos parece más adecuado que insistir
en la importancia que Dojorti le dio a la palabra.
Hablamos entonces de la palabra dojortiana y del habla popular, que es
la que Buenaventura se ocupó de llevar a la radio. Por sus biógrafas, sabemos
que desde muy temprano la palabra hablada y la palabra escrita se hicieron
presentes en su vida con singular intensidad. Así, por ejemplo, Eusebio nació
en una casa en la que los libros tenían un lugar destacado, y creció y pasó su
infancia y parte de su adolescencia entre las historias orales de los fogones,
sean los del Molino de los Dojorti o los de las arrias del camino. Conocemos de
sus tempranas dotes oratorias en los actos escolares, y de su también temprana
vocación por la escritura, cuando a los 12 años le publican su primer artículo
y a los 14 compone unos versos debido a que una jovencita lo rechaza.
Más adelante, en las tareas de su militancia encuentra el modo de
canalizar las posibilidades expresivas, tanto de la palabra hablada -cuando
Eusebio pronunciaba discursos a la par de Federico Cantoni- como de la palabra
escrita, ejerciendo el periodismo primero en La Reforma y Debates, y
luego en La Nueva Política y en La Montaña. Lo hallamos luego, durante
el lapso pasado en Tamberías, leyendo a sus compañeros
Tras evadirse de aquella cárcel cordillerana, hay una foto que
testimonia el momento en que improvisa un discurso sobre las peripecias de la
fuga frente a tres mil almas expectantes ante los balcones del diario La Libertad de Mendoza. Un año antes
de la evasión había escrito el cuento “Un trato con el diablo”, donde su dominio del
lenguaje popular salta a la vista. Tenemos, entonces, a un Eusebio Dojorti en
plena posesión de sus capacidades retóricas, sean éstas las de la palabra
hablada o las de la palabra escrita.
Capacidades retóricas de las cuales va a hacer un uso deliberado y
proficuo en la radio. Para lograrlo, trabaja de manera incansable escribiendo
los libretos de sus audiciones porque juzga que la radio es el vehículo ideal
para que los oyentes puedan gozar de “la
palabra embellecida por la inflexión humana del sentimiento en el misterio del
aire”, como dice en un escrito en el que analiza el devenir de la
radiotelefonía argentina tal como él la conoció, y la conoció bastante.
Comprende que la necesidad existencial de la voz humana se alcanza a través del
sentimiento, y por eso busca “La palabra -la inflexión mínima de la voz- como
vehículo fiel de los más íntimos movimientos del alma; y luego, el acento
conmovido de los cantores, dolidos de tiempos y leguas, abrumados de ausencias
y sedientos de ternuras de mujer”.
Sin embargo, ese decir suyo estaba arraigado -como dice en una de sus
Sentencias del Tata Viejo- en “un
silencio profundo”. Buenaventura sabe que es dueño de sus silencios pero,
puesto a hablar, adquiere un modo avasallante, propio de quien tiene sólidas y
bien razonadas certezas. Y sabe, mejor que nadie, del poder convocante que
puede ejercer el timbre cavernoso y profundo que ha ido adquiriendo su voz, y
de la capacidad de seducción de su oratoria: “Se iluminó la banda del receptor (…) Se hizo un silencio casi
religioso en el concurso apretado, mientras una voz describía el clima de un
rodeo a campo abierto, a la que se agregaba la sugestión viajera de una lejana
resonancia de cencerros. Casi tímidamente al principio, con segura firmeza
después, se alzó el puntear de las guitarras y el cantar ausente y conmovido.
Me dediqué a contemplar aquellos rostros de intemperie; y al notar que se iban
endureciendo hasta adquirir una rigidez de piedra a medida que se hacía más
intensa y poderosa la sugestión de aquel mensaje que les llevaba el aire
nocturno, comprendí que el milagro estaba hecho”.
El fragmento confirma que cualquiera de las posibles formas del llamado
criollismo (leídas, cantadas, representadas o irradiadas) venían a revincular
al hombre con la tierra que debió abandonar. Pero el fragmento también nos lleva
a una de las ideas más persistentes de Eusebio Dojorti: su fe en la palabra.
Leamos parte de una entrevista:
“Buenaventura Luna: Puede considerarse que una
expresión artística regional es pura cuando nace inspirada por los sentimientos
que suscita en el artista la contemplación amorosa y en absoluto leal del
propio panorama geográfico y humano (…) Y como la parla (…) supone en rigor la
gravitación de una suma más o menos rica de tradiciones familiarmente vigentes
en el medio regional, es obvio señalar que (…) la palabra comienza a funcionar
como su principal elemento de auxilio. O, mejor, se convierte en dócil
instrumento expresivo suyo.
Pregunta: ¿Por qué la palabra, y no algún otro
medio de expresión? El dibujo, la pintura, la música por ejemplo.
B.L.: Porque yo estoy con los que creen que el de
la palabra es el arte supremo (…) ¿acaso la palabra no es dibujo, forma y
color, y también música en el aire? (…) Si no fuera por la palabra -prosigue
Luna-, el hombre no hubiera experimentado jamás la necesidad de pensar. Ella no
sólo lo ha liberado sino que lo ha elevado por sobre el instinto, aproximándolo
a la noción milagrosa o, más todavía, a la sublime idea salvadora de la
existencia de Dios (…) Se me ocurre que sólo la palabra es capaz de dar a la
inteligencia y a los sentidos la exacta dimensión satisfactoria de todos los
valores del espíritu. No sólo es el menos rígido, sino el más flexible, el más
libre y noble de los elementos de que puede disponer un artista. Al describir
un prado soleado y sonriente o un bosque umbroso y nocturno como al discurrir
sobre la gregaria actividad del hombre, Cervantes es músico sin Wagner, pintor
sin Leonardo, escultor sin Miguel Ángel”.
Este credo dojortiano, que hemos sintetizado como “La Superioridad de la
Palabra”, nos regresa a la relación inescindible entre lenguaje y escritura,
entre palabra hablada y palabra escrita. En este sentido, Eusebio/Buenaventura
se parece, por formación y por elección, a aquellos sabios irlandeses que
podían oficiar como oradores y como escritores. Algo le debía venir también a
través de la sangre, algo así como la confianza en sí mismos que trasuntaba la
temprana literatura irlandesa, o esa “antigua
idea celta de que sólo en la literatura es posible vislumbrar la conciencia de
un pueblo”.
Por eso, quien a lo sumo se definía como “escritor costumbrista”, llegó a proyectar la edición de al menos
dos libros: uno se llamaría La villa y el
rancherío, y el otro Lecturas para
los gauchos de los últimos ranchos. Para este último, que pretendía editar
en 1946, Luna llegó a imaginar una portada donde se daba una situación de
lectura en voz alta en un entorno campesino. La imagen –además de evocar una
escena reiterada a partir de la publicación del Martín Fierro- funciona como un alegato de la importancia de la voz
popular dentro de la historia nacional y como fundamento de buena parte de las
tradiciones comunitarias argentinas.
Por Carlos Semorile.
jueves, 7 de diciembre de 2023
Un luminoso día de justicia
Por Carlos Semorile.





