La historia de
la presencia de la música de las provincias en la entonces Capital Federal
puede rastrearse a partir de los nombres de importantes figuras. Entre los
primeros en largarse a probar suerte en la tierra del tango, estuvo el
sanjuanino Saúl Salinas, quien en la década de 1910 llegó a integrar un
cuarteto con el mismísimo Carlos Gardel, cuando en el repertorio del Zorzal
tenía primacía la canción criolla.
Durante la
década de 1920, arribarían a Buenos Aires el santiagueño Andrés Chazarreta
(pionero en la idea de presentar un espectáculo integral que fue apoyado por
Ricardo Rojas y valorado por Homero Manzi), el riojano Eusebio Zárate, los
hermanos catamarqueños Carlos y Manuel Acosta Villafañe, el santiagueño Manuel
Gómez Carrillo, o el dúo Ruiz-Acuña (el primero tucumano, el segundo
bonaerense), entre otros.
Una década más
tarde, el panorama se modifica debido a la llegada masiva de inmigrantes
internos que toman la metrópoli y que acuden a las peñas donde se escuchan las
músicas de sus tierras, esa música que conquista el centro de la ciudad merced
al arribo de artistas como Martha de los Ríos, Abel Fleury, Atahualpa Yupanqui,
Tránsito Cocomarola, Los Hermanos Ábalos y, entre varios más, el dúo
Martínez-Ledesma.
En 1937 lo
hace Buenaventura Luna con su Tropilla de Huachi-Pampa. Desde fines del ´34,
inicios del ´35, Eusebio Dojorti llevó adelante un proceso de selección de sus
integrantes, a los cuales, además, fue formando y entrenando para que
alcanzaran un sonido de excelencia. Esta Tropilla primigenia sería la que animaría
sus primeras audiciones radiales en San Juan. Sobre su arribo a Buenos Aires,
diría Luna:
“La Tropilla de Huachi-Pampa no ha venido a
Buenos Aires por puro afán exhibicionista (…) Y no ha venido tampoco a traer
simplemente un muestrario folklórico para deleite de los oídos porteños (…) La
Tropilla de Huachi-Pampa (…) ha venido a llamar la atención de los porteños
sobre el interior del país, hablándoles el lenguaje sencillo y emocional de la
música. Su voz viene desde muy adentro de nuestra historia y está saturada de
viejas tradiciones (…) En esta tarea, La Tropilla de Huachi-Pampa aporta su
contribución modesta y sincera”.
Como se
observa, Buenaventura reconoce que ellos se integran a un movimiento ya
existente, pero a la vez afirma que aspira a conmover a un público que
mayormente desconoce esa voz que “viene
desde muy adentro de nuestra historia y está saturada de viejas tradiciones”.
Y esa es la tarea que Dojorti/Luna hizo entre 1940 y 1946 desde la radio con su
programa “El Fogón de los Arrieros”. Allí logró, mediante la dignidad literaria
de sus libretos, la identificación plena de los oyentes y, sobre todo, un nivel
de difusión de la música nativa a nivel nacional, e incluso a países hermanos,
como no había ocurrido hasta entonces.
Carlos Semorile.


