El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

martes, 29 de septiembre de 2026

Apuntes para una Declaratoria


La historia de la presencia de la música de las provincias en la entonces Capital Federal puede rastrearse a partir de los nombres de importantes figuras. Entre los primeros en largarse a probar suerte en la tierra del tango, estuvo el sanjuanino Saúl Salinas, quien en la década de 1910 llegó a integrar un cuarteto con el mismísimo Carlos Gardel, cuando en el repertorio del Zorzal tenía primacía la canción criolla.

Durante la década de 1920, arribarían a Buenos Aires el santiagueño Andrés Chazarreta (pionero en la idea de presentar un espectáculo integral que fue apoyado por Ricardo Rojas y valorado por Homero Manzi), el riojano Eusebio Zárate, los hermanos catamarqueños Carlos y Manuel Acosta Villafañe, el santiagueño Manuel Gómez Carrillo, o el dúo Ruiz-Acuña (el primero tucumano, el segundo bonaerense), entre otros.

Una década más tarde, el panorama se modifica debido a la llegada masiva de inmigrantes internos que toman la metrópoli y que acuden a las peñas donde se escuchan las músicas de sus tierras, esa música que conquista el centro de la ciudad merced al arribo de artistas como Martha de los Ríos, Abel Fleury, Atahualpa Yupanqui, Tránsito Cocomarola, Los Hermanos Ábalos y, entre varios más, el dúo Martínez-Ledesma.

En 1937 lo hace Buenaventura Luna con su Tropilla de Huachi-Pampa. Desde fines del ´34, inicios del ´35, Eusebio Dojorti llevó adelante un proceso de selección de sus integrantes, a los cuales, además, fue formando y entrenando para que alcanzaran un sonido de excelencia. Esta Tropilla primigenia sería la que animaría sus primeras audiciones radiales en San Juan. Sobre su arribo a Buenos Aires, diría Luna:

“La Tropilla de Huachi-Pampa no ha venido a Buenos Aires por puro afán exhibicionista (…) Y no ha venido tampoco a traer simplemente un muestrario folklórico para deleite de los oídos porteños (…) La Tropilla de Huachi-Pampa (…) ha venido a llamar la atención de los porteños sobre el interior del país, hablándoles el lenguaje sencillo y emocional de la música. Su voz viene desde muy adentro de nuestra historia y está saturada de viejas tradiciones (…) En esta tarea, La Tropilla de Huachi-Pampa aporta su contribución modesta y sincera”.

Como se observa, Buenaventura reconoce que ellos se integran a un movimiento ya existente, pero a la vez afirma que aspira a conmover a un público que mayormente desconoce esa voz que “viene desde muy adentro de nuestra historia y está saturada de viejas tradiciones”. Y esa es la tarea que Dojorti/Luna hizo entre 1940 y 1946 desde la radio con su programa “El Fogón de los Arrieros”. Allí logró, mediante la dignidad literaria de sus libretos, la identificación plena de los oyentes y, sobre todo, un nivel de difusión de la música nativa a nivel nacional, e incluso a países hermanos, como no había ocurrido hasta entonces.

Carlos Semorile. 


domingo, 27 de septiembre de 2026

Punta del Agua, el libro de que reafirma: La tierra que fue nuestra


Desde hace varios años, con los compañeros, amigos y hermanos José Casas y Cristian Mallea estuvimos trabajando en este libro que ahora sale a la luz y del que, por muchas razones, nos sentimos muy orgullosos. Se llama “Punta del Agua. La tierra que fue nuestra”, y el texto de sus solapas que compartimos a continuación da cuenta de su contenido y del propósito que nos animó a perseverar hasta lograr editarlo:

Desconocido por argentinos y sanjuaninos por igual, el campo de Punta del Agua en San Juan, es inmenso, desproporcionado e impreciso: mucho más de medio millón de hectáreas. Una tierra casi despoblada y hoy improductiva que atraviesa toda la cuenca del Río Bermejo desde Jáchal hasta Caucete y pasando por Mogna, increíblemente invisible pero, a la vez, a ojos vista de todos. En la Punta del Agua caben más de 30 ciudades de Buenos Aires y 200 veces la ciudad de San Juan, abarcando un territorio que constituye una decimotercer parte de esta provincia cuyana. Dicha vastedad nos da una idea de su importancia en términos geográficos y, potencialmente, económicos.

Pese a ello, Punta del Agua es todavía hoy una tierra incógnita de la que poco o nada se sabe. Para subsanar dicho vacío, José Casas se ocupa de develar su historia y las de sus sucesivas poblaciones, desde los antiguos habitantes indígenas, pasando por el poblamiento de los primeros colonos españoles que llegaron allí, y continuando con sus descendientes criollos que los sucedieron en la posesión y que llegaron a hacer de la Punta del Agua el motivo mismo de su existencia campesina. Entrando ya al siglo XX, la crónica, siempre hermanada al análisis de los diversos factores necesarios y concurrentes que van desde su apogeo a su caída, da cuenta de los sucesos que determinaron el despoblamiento progresivo de puntalagüinas y puntalagüinos que debieron abandonar la heredad ancestral por la malicia de los avorazados “dueños” de los extensísimos terrenos, hasta convertirlos en un desierto infecundo y estéril.            

Los relatos de aquellos años son inseparables de la estirpe de los Mallea, una de las familias que estuvo desde siempre en Punta del Agua y que tiene en la figura de Amancio Mallea (tío de Cristian Mallea, el alma mater de este libro) a un testimoniante indispensable para enlazar el lejano pasado y el doloroso presente de su tierra.

Pero la Punta del Agua es también la tierra que habitaron y amaron muchas otras familias que conformaron este pueblo, y cuyos descendientes se expresan aquí porque saben que la memoria es un territorio en disputa y que de allí no los desaloja nadie.

Por eso las invaluables fotos que ilustran estas páginas deben considerarse como otros testimonios arrancados al olvido merced a las laboriosas gestiones de José Casas, de Cristian y de su primo Héctor Benítez, pero también como la expresión del amor que profesan por Punta del Agua todas y todos aquellos que alguna vez vivieron allí y que conservaron esas reliquias de un tiempo añorado entre las brumas del recuerdo. Algo parecido puede decirse del mapa del pueblo que Cristian y su prima Alejandra reconstruyeron en base a la prodigiosa memoria de su tío Amancio, y que constituye un incontrastable documento que llena el espacio dejado vacante por catastros que nunca existieron. Y como descreemos de fatalismos, todo en este libro apunta a la veracidad y la certeza. 

Los textos de Carlos Semorile funcionan como otra crónica, en este caso la de los distintos avances y retrocesos que los autores debieron sortear desde 2013 a la fecha para poder hacer realidad este rescate de la Punta del Agua y su gente.

Por último, el impar texto final de Cristian Mallea resulta inusualmente bello, amoroso hasta en el más remoto de sus confines, poético y justo de genuina justicia esencial para con sus ancestros, con sus contemporáneos y para las generaciones de Malleas del porvenir. En un momento en que la Argentina está atravesada por la innoble pretensión de extranjerizar sus tierras y recursos, el rescate de los paisanos que vivieron, soñaron y proyectaron sus vidas en la Punta del Agua, nos recuerda que, como escribió Eusebio Dojorti en 1948, “todo es nuestro bajo el cielo argentino”. Y así debe seguir siendo si de verdad nos importa ser una comunidad emancipada. 


sábado, 15 de agosto de 2026

"Vamos chayando, ya que hi venido..."


 


  Mi querido hermano Cristian Mallea me pasa un fragmento del ensayo en la legislatura porteña de la Orquesta Balvanera Saavedra, dirigida por su amigo Jorge Glocer. Del poeta y músico sanjuanino Buenaventura Luna suena la “Chacarera de la Chaya”, uno de los primeros temas que él grabó –encargándose de la glosa inicial y también del recitado- junto con su conjunto La Tropilla de Huachi-Pampa en diciembre de 1938.

 

El año que viene se cumplirán noventa años desde que Eusebio Dojorti (tal el verdadero nombre de Buenaventura Luna) llegara a Buenos Aires con su Tropilla, y tuvieran una primera presentación exitosa en la sede de la antigua Biblioteca Nacional de la calle México. Casi enseguida comenzaron a trabajar en Radio El Mundo y, como ya dijimos, un año más tarde ya estaban grabando sus primeros discos sencillos.

 

Podría suceder que alguien se preguntara por qué un sanjuanino compuso, ensayó y grabó una chacarera, cuando los cuyanos son más conocidos por sus tonadas. Sucede que Luna nació en Huaco, una localidad cercana a la por entonces Villa de Jáchal, una región de encrucijadas económicas, sociales y culturales que, merced al intercambio con paisanos de otras provincias, adquirió rasgos propios.

 

Así lo explicaba el propio Eusebio -que además fue periodista y ensayista- en uno de esos textos suyos que buscaban explicar las razones del canto nativo y la índole particular que éste tuvo en sus pagos:

 

“Antiguamente, era intenso el tráfico entre Cuyo con la llanura del Este o con las provincias del Norte, del Centro y del Litoral. De Cuyo salía el vino, las pasas, el aguardiente, mientras llegaban a la región los ganados de Córdoba, el azúcar y otros productos de Tucumán, todo ello mediante un activo tránsito de arrieros o reseros de las distintas zonas afectadas (…) Yendo y viniendo, en Cuyo dejó su copla y su cantar el hombre del llano, el de la ribera, el de la selva... Por otra parte, la circunstancia de haberse organizado al pie del Aconcagua el Ejército del Libertador, debe inducirnos a creer que en los fogones de El Plumerillo se oyeron durante años los tristes, cifras, cielos y milongas de la llanura, los aires cordobeses, las chacareras santiagueñas, las vidalas calchaquíes”.

 

Como se observa, motivos de orden histórico, junto con otros de orden geográfico y social, determinaron que en aquellas juntadas de gauchos que pelearon por la Independencia se diera una mixtura de acentos y sonidos que perdurarían inclusive en los fogones de arrieros, reseros y troperos a los que él asistió de niño en el Molino de los Dojorti en su Huaco natal. Leamos lo que escribió en otro texto “La Chaya de Huaco”:

 

“Durante los días de Carnaval, en Huaco -apartado y poético vallecito en el departamento de Jáchal- buscan la manera de divertirse conforme a tradiciones lugareñas muy antiguas.

(…) La celebración de la chaya exige lugares adecuados y suele realizarse en locales amplios como galpones especialmente preparados para el caso. Dichos locales son murados de quincha y se denominan “fondas”, a las que acude, en grupos de familias o de barriadas, la gente del pueblo: viejos, mozos y niños de ambos sexos, entre los que se destacan los músicos más bulliciosos y celebrados del lugar y sus alrededores. Y así se reúnen en las fondas de la chaya, guitarras y acordeones, quenas y charangos de las quebradas del Norte argentino, cajas diaguitas y bombos calchaquíes.

Aparte de las danzas típicas, la música más persistente en la chaya de las fondas es la de la vidala chayera, que se acompaña con el bombo y es cantada por un concurso que se forma a su alrededor y en el que se encadenan alternadamente hombres y mujeres abrazados. En la rueda humana así formada en torno al bombo, cada uno de los participantes canta una copla cuyo estribillo es coreado después por todos. Y en los intervalos de la danza que se suceden a todo lo largo de la noche”.

 

Aquí debo decir que cuando escuché la grabación de la Orquesta Balvanera Saavedra, lo primero que llamó mi atención fue el componente rítmico que acompaña la melodía y le da ese mismo carácter criollamente festivo que Buenaventura señalaba como distintivo de las “cajas diaguitas y bombos calchaquíes”. El nombre de estos pueblos originarios nos lleva a otro texto de Dojorti, “La Chaya de los Quichuas”, donde dice:

 

“El bombo, “ton-ton”, retumba una reminiscencia de toldos abolidos en el recinto fresco, recién quinchado de verdes chilcas, pájaro-bobo y cachiyuyo. En torno al grave musicante que ejecuta la monorritmia secular, el coro danza un desgano de aborígenes vencidos. Entrelazados, mujeres y hombres alternan tragos y coplas:                 

“Dicen que es chaya,

yo no hi sabido.

Vamos chayando,

ya que hi venido…”

Influido de bárbaro tiempo sin testigos en la soledad agobiadora de los cerros, un “¡ay!” sediento de violencias amorosas rasga el aire, se prolonga en la distancia y así remata el estribillo de la vidala. Bruscamente el coro se trueca en torbellino de afanosas luchas en el que se mezclan las risas y las súplicas a los gritos de “chaya, chaya, chaya”, mientras unos a otros procuran aventajarse en la tentativa de almidonarse las caras y rociarse los cabellos con ramos de albahaca”.

 

Puede que haya palabras o términos que no se entiendan, alejados como estamos de las tradiciones que, sin embargo, siguen presentes para quienes –como pedía Buenaventura- sean capaces de “poner el óido”. La música, qué duda cabe, es el vehículo emocional que puede guiarnos en ese viaje de reconocimiento de lo que es nuestro y deberíamos amar.

 

Por Carlos Semorile.

El video puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=cs3MwqT-TE0


miércoles, 29 de julio de 2026

TODO ES NUESTRO


 

“Yo no quiero condenar al pasado, porque no quiero una sola sombra sobre esta alegría, tan nuestra y tan argentina, de sentir que TODO ES NUESTRO bajo el cielo argentino: los ferrocarriles, los gasoductos, los diques, los puertos, los teléfonos y, sobre todo, la alegría de saber de que podemos ofrecerle al mundo un rincón de paz y una posibilidad de recobramiento dentro de las viejas leyes filosóficas y morales: un rincón de paz y de recobramiento, que por primera vez no está hipotecado ni sujeto a la dictadura del oro extranjero. Un rincón de paz argentino, nuestro para un mundo que se ha desangrado, justamente, porque fingiéndose sometido a la disciplina de un sabio vivir, solo contempló los aspectos materiales y materialistas de la existencia”.

Eusebio Dojorti/Buenaventura Luna (Huaco, 19 de enero de 1906 - Buenos Aires, 29 de julio de 1955), en su audición del 8 de marzo de 1948 de su programa “Entre mate y mate… y otras yerbitas”, emitido por Radio Colón de San Juan (las mayúsculas pertenecen al libreto original).

lunes, 19 de enero de 2026

En el 120 Aniversario del Natalicio de Eusebio Dojorti – Buenaventura Luna


 

Esta foto suya resume una actitud reflexiva ante la vida, la que tuvo desde muy joven, la que mamó de los arrieros y gauchos que alrededor del fogón compartían sus antiguos saberes sobre “cosas trashumantes” porque entre “bandas inmensurables de silencio habla la cultura”, y porque además intuían que ellos, en las estribaciones cordilleranas que unen a los pueblos de distintas patrias chicas con un destino común, eran “los últimos gauchos” poco antes del ser el proletariado pujante de una nación que aspiró -y aspira- a que todo sea nuestro bajo este cielo y sobre este suelo bendito del país argentino.

Lo demás, como solía decir el propio Eusebio, es “puro ripio”...

Y como tal pasará, para que volvamos a sentir la dicha inmensa de sabernos dignos hijos de unas tolderías y de unos gauchos que lo dejaron todo en la patriada de construir una nación justa, independiente y soberana, porque “la tradición es la transmisión del fuego, y no la adoración de las cenizas”. Y lo demás, lo demás es puro ripio.

 (Las citas son de Luna, salvo la última que es de Gustav Mahler)

Por Carlos Semorile. 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

La cultura como reclamo de futuro


 

Hace ya un mes y medio que José Casas, Cristian Mallea y un servidor fuimos reconocidos como personalidades destacadas de la cultura jachallera, en una declaración que, en verdad y con toda justicia, reconoce -por la vía de nuestros tres nombres- la labor persistente de las compañeras y compañeros del Centro Cultural Jáchal-La Montaña.

Fue un acierto haber bautizado al centro cultural de esa manera que, si por un lado evoca al poema de Dojorti/Luna, por otra parte habla de lo que debe prevalecer, como la montaña misma, como un símbolo de todo aquello que forma parte del acervo jachallero. Y que a la vez pide que si ello no se respeta, la cultura sea nuestro reclamo de futuro.

Por Carlos Semorile.

martes, 29 de julio de 2025

70 aniversario del fallecimiento de Eusebio Dojorti/Buenaventura Luna


 



Respuesta al cuestionario de la Revista Gaia, de San Juan

Carlos Semorile, 17 de Julio de 2018

  - ¿Cuál era el conflicto interno que tenía a la idea del progreso y la modernidad?

Por razones cronológicas, comienzo respondiendo esta pregunta, cuya respuesta contextualiza, además, el temprano devenir de su interés social. Tal como se narra en un “Un hombre andariego”, Eusebio se lanza a recorrer buena parte del país cuando apenas contaba con 15 o 16 años. Allí registra que, a su regreso a Huaco, les cuenta a los “Tata Viejos” el nivel de progreso que ha palpado en otras regiones de la Argentina y, de alguna manera, ya oficia de “traductor” entre los pobladores de una zona artificialmente deprimida y una modernidad deseable en términos de justicia social. 

Podríamos ir todavía más lejos y hablar de la lucha que llevó adelante su padre, Ricardo Dojorti, cuando siendo Intendente de Jáchal batalló infructuosamente para que se concretase el proyectado tramo de la línea férrea que iría de San Juan a Salta y que, pasando por la Villa, le permitiría exportar sus productos.

Como sea, en Eusebio Dojorti no hay conflicto entre tradición y modernización, o entre cultura e industria. Por el contrario: hay un uso deliberado y muy consciente de los medios más modernos de la época (la radio, desde luego, pero también las grabaciones discográficas e inclusive el cine para ponerlos al servicio de aquello que va siendo “olvidado” por quienes detentan los resortes del aparato cultural.

 

- Cómo se formaba intelectualmente para construir un pensamiento filosófico y político propio?

Según cuenta su amigo y compañero Juan José Montilla, Eusebio tuvo un período de varios meses de encierro voluntario durante el cual, además de leer literatura francesa, rusa, española e inglesa, se puso al día con las más novedosas teorías sociológicas y políticas. Montilla cree que su intención era sumarse a las tertulias intelectuales que se daban en la casa de Andrés Salerna, un ex estudiante de abogacía.

En realidad, esto se daba en el contexto del surgimiento del Bloquismo, y por ese motivo Dojorti redobla sus hábitos de lectura porque aspiraba a sumarse a los debates intelectuales del aquel período de fortísimas confrontaciones, y así participar en la vida intelectual y política.

 

- ¿Qué significó en el contexto histórico, su desempeño como militante y como periodista?

Significó asumir que la batalla política es, antes que nada, un debate en torno al significado y al uso de las palabras, ya sean las que se escriben para la gráfica, como las que se dicen como orador desde una tribuna.

Los gobiernos bloquistas fueron muy duramente esmerilados desde la prensa escrita, tanto provincial, regional (diarios mendocinos), y nacional, en un movimiento “de pinzas” que no dejaba flanco sin atacar. Y como toda violencia simbólica preanuncia una violencia más contundente, tras el golpe conservador a Cantoni los archivos del diario bloquista La Reforma fueron incendiados en dos ocasiones, en 1934 y 1936. 

Allí justamente –y también en Debates, otro órgano cantonista- se inició Dojorti como periodista, siendo ya militante bloquista; es decir: como alguien que sostenía una opinión y no la ocultaba detrás de la habitual mascarada de la “neutralidad” y la “imparcialidad”.

 

- ¿Con qué causas sociales se involucraba y comprometía?

Con la causa de los humildes, de los desposeídos, de los pobres. Pero él lo dice mucho mejor en una hoja manuscrita donde ensayaba la introducción de un trabajo que pretendía editar: “…tengo que confesarte que el librito que vas a leer ahora es un resultado de mi frotamiento personal con los arrieros, labriegos y pastores de mi tierra, analfabetos, sí, a los cuales siempre tuve por cultos en despecho de modales que a los cultistas podían parecerles rústicos o bárbaros”. 

Como se observa, aquí hay no sólo un conocimiento de primera mano de “los de abajo”, sino además una valorización de su cultura y de su modo de estar en el mundo.

 

- ¿Era no solo hombre de ideas, también de llevarlas a la práctica?

Entre muchos otros, podrían mencionarse tres episodios. Durante la campaña que Cantoni desarrolló en 1928, en Buenos Aires, en apoyo a la fórmula anti-yrigoyenista Melo-Gallo, Dojorti salió en su defensa cuando atentaron contra el líder bloquista en la esquina de Sarmiento y Florida. Tiempo después, mientras lideraba a la juventud bloquista y conducía la elección de 1930 en Jáchal, fue atacado por una patota conservadora, saliendo bastante maltrecho del encontronazo. Finalmente, cuando estuvo secuestrado en la cárcel de Tamberías en 1932, su actuación fue fundamental tanto para mantener el espíritu de sus compañeros de cautiverio, como para lograr la solidaridad de algunos “milicos”, y preparar y realizar la fuga que los llevaría a Mendoza.

Pero, al margen de estos actos de coraje, su vida cotidiana estuvo llena de acciones generosas, y de gestos de desprendimiento que no siempre fueron reconocidos, y pocas veces retribuidos. Cantores y músicos que “pararon” en su casa y que recibieron ayudas que excedían en mucho el mero trato “profesional”. ¿Cuántas canciones suyas llevan la firma de algunos de estos ocasionales integrantes de sus conjuntos? ¿Cuántos otros se beneficiaron por un verso o una melodía que el poeta les brindó como muestra de amistad?

 

- Su relación y amistad con Cantoni, ¿fluctuó siempre entre el amor y el odio?

No lo pondría en estos términos, básicamente porque el propio Dojorti no se lo planteó de este modo. En 1948, él tenía una audición en Radio Colón (“Ente mate y mate, y otras yerbitas…”), y desde ese espacio hizo campaña a favor de Ruperto Godoy, el primer gobernador peronista de la provincia. Esto molestó a algunos y, ante el reclamo, tuvo que salir a explicar que:

“Este Buenaventura Luna que Uds. escuchan a veces hablando por radio, no se llama Buenaventura Luna. Se llama Eusebio Dojorti. Y el tal Eusebio Dojorti, (…) siendo mocito, siguió las banderas de aquel partido político de vigorosa tradición popular, porque le pareció que esa era la bandera de la ‘chusma de alpargata’, la bandera del pobre. Cuando creí (…) equivocadamente o no, que aquellas dejaban de ser las banderas de mis pobres, de mis hermanos, de los arrieros y troperos casi desnudos de mi tierra, cuando creí que se quedaba a mitad de camino la tarea de hacerle justicia al pobre, entonces me separé (…) sin odios para nadie, de aquel viejo partido y me transformé en el Buenaventura Luna de la Radio”.

Es decir, se une al movimiento de Federico Cantoni por un poderoso motivo político, y cuando el Bloquismo produce su acercamiento al sector que finalmente va a promover el golpe a Yrigoyen, Dojorti comienza a plantear sus disidencias y a pedir la reorganización del partido. Pero él y su grupo fueron expulsados, luego intentaron editar La Montaña, y el resto es historia conocida.

Puedo, y en realidad debo agregar, que en los años que llevo trabajando con los papeles de Dojorti, he confirmado varias veces y finalmente he aprendido que nunca dice una cosa que no sea cierta. Por eso cuando afirma aquello de “sin odios para nadie”, así nomás debió haber sido –al menos de su parte-.

     

- ¿Hubo tiempo suficiente para sanar sus peleas con el paso del tiempo?

Una de las hijas de Olga Maestre y Eusebio Dojorti, Beatriz Maestre, le relataba a la periodista Betty Puga un encuentro ciertamente reconciliatorio entre Dojorti y Cantoni ocurrido en Buenos Aires:

“En los famosos cafés de la Avenida de Mayo, un día estando sentado el Papi se encuentra con Cantoni. El Papi se sacó el sombrero y Cantoni se acercó y le dio un apretón de manos. Después de tantos años de enemistad y de haberlo mandado preso. Eso me lo contó mi madre, No sé dar un dato preciso, pero fue en los últimos años. Habrá sido por el  53 o 54”.

Para que este saludo casi fraterno fuese posible, no sólo había pasado el tiempo sino que, además, había surgido el Peronismo, partido al que Dojorti se afilia tempranamente (1947), y al que Cantoni, luego de unos primeros escarceos con Perón, finalmente acepta como representante de los mismos postulados de redención social del Bloquismo, aconsejando disolver su propio partido y demostrando, de ese modo, que había aprendido las lecciones de su enfrentamiento con Yrigoyen.

     

- Al realizar el Fogón de los Arrieros, ¿representó su vía de escape a través del arte y la radio para librar las batallas culturales que consideraba importantes?

Si amistosamente omitimos “vía de escape”, acordamos en todo lo demás. Sin dudas, “El Fogón de los Arrieros” supuso una osada apuesta cultural cuya masividad sólo se explica porque funcionaba como una suerte de espejo donde los otros migrantes internos (Dojorti también lo era) recobraban el reflejo de su dignidad perdida. Alguna vez, comentando el fenómeno de las peñas folklóricas de Buenos Aires, Luna señaló algo crucial:

“Una forma de civilización puede derrumbarse y se derrumba; pero la cultura no. A la larga el hombre siente la necesidad de buscarse en lo nacional, en sus cantares y en sus coplas”.          

 

- Siendo que tuvo poca formación en técnica musical e instrumentación, ¿cómo logró transmitir y enseñar tanto a artistas y cantores sobre la interpretación folclórica?

En este punto, el relato de las testigos (Hebe Almeida, su compañera Olga Maestre, sus hijas e hijos) es coincidente: él les silbaba la música que tenía “en la cabeza” (¿por qué no en el alma?) a los distintos músicos o instrumentistas que sí sabían de partituras, y ellos trataban de que el sonido se fuera acercando a lo que Eusebio les proponía. No pocas veces los corregía y, como recordaba Hebe, les decía: “Abrí los óidos”.

También solía recordar Olga Maestre –y sus hijas e hijos- que podía ser muy enfático a la hora de, por ejemplo, enseñarle a cantar a Tormo: “¡Saque la voz, póngala bien, carajo! Cante, no grite”. Y Héctor Pueyo, hijo de uno de los integrantes de Los Manseros del Tulum, recuerda que Luna se tomó más de un año y medio hasta dar con la nómina precisa de los músicos y cantores que irían a formar aquel conjunto.

 

- Cuando habla del "canto bárbaro" o del Canto Perdido, ¿qué significaba para esa época y si rige vigente en la actualidad en otros ámbitos?

Pese a no tener formación musical, Buenaventura estaba tratando de rescatar y recrear un sonido que, en ese mismo momento, se estaba perdiendo. Una forma de cantar no domesticada, rústica, rural y no citadina:

“Ronca la voz del cantor, malamente enclavijada la guitarra, si Ud. quiere, la vihuela barata; poco importa el despropósito, alguna traición de la rima o la menos probable cojera rítmica. Que era seguro del oído el antiguo guitarrero gaucho. Lo esencial es su intención poética, su necesidad íntima de cantar al viento las reacciones de su espíritu frente al paisaje y a la vida”.

Con este tema de su música ocurre algo similar a lo de su tan manoseada “nostalgia”: en Luna, la nostalgia es algo muy elaborado, como si se tratase de una reflexión que –por la vía de la poesía- le permitiese hacer un balance de las pérdidas que provoca el avasallamiento de la cultura de masas y la vulgarización del gusto popular. Y, en este sentido, su intención de rescatar y recrear un sonido genuino, continúa vigente.

 

- ¿Por qué con frecuencia se asocia a Buenaventura a la figura de un cantor o recitador con guitarra, cuando en realidad fue mucho más que eso?  ¿Es una forma de construir un mito sobre su imagen y ocultar su esencia? ¿De hacer invisible algo fundamental de él?

A veces, por ignorancia; en otros casos, por “mistificación” (proceso que está lejos de la creatividad y la potencia que un mito contiene en esencia); pero también, porque la figura del “cantor” está ligada emocionalmente a las vivencias más profundas del sentir popular. De todos modos, bajo este ícono queda siempre una zona de sombras donde se pierde de vista que Dojorti/Luna fue, en lo profundo, un gran pensador.

Liliana Herrero suele decir que los grandes nombres de nuestro folklore no están en el pasado, sino que nos están aguardando en el futuro, y es una definición que me parece muy acertada toda vez que la función del “vate” es vaticinar, profetizar lo que está adviniendo. Y quien rasga el velo del “guitarrero”, se encuentra con grandes tesoros escondidos.         

 

 - ¿Pasa lo mismo hoy con nuestra cultura?

 Si entiendo bien la pregunta (es decir, si nuestra cultura actual construye íconos que vuelven invisibles los legados más preciosos de nuestros posibles referentes identitarios), sí pasa, y pasa continuamente.

     

- ¿Queda bien en determinadas situaciones hablar de Don Buena, pero conocerlo en profundidad a su pensamiento, cuantas personas lo hacen?

Queda bárbaro, lo mismo que hablar de Don Ata, El Cuchi, El Barba Castilla, y varios nombres más sin tomarse el trabajo de investigar un poco, de ir más allá de prestigio que brinda, momentáneamente, apelar a un nombre “lustroso”. El Tata Cedrón siempre pide a su público que busque, que indague, que no espere que todo le llegue sin poner nada de su parte. Es un apelación a crear otro tipo de oyente, menos pasivo, más comprometido espiritualmente.

- ¿La sociedad sanjuanina y las instituciones oficiales de la cultura en el país, está en deuda con él?

Lo de la sociedad sanjuanina deben saberlo ustedes mucho mejor que yo. Lo que, a la distancia, sí me atrevo a decir es que, en términos musicales, todos estamos asistiendo a un atropello –no hay una palabra que lo grafique mejor- tan descomunal que tal vez no tenga precedentes en la historia. Pero si uno no canta lo de uno, ¿quién va a hacerlo, no?

Los organismos oficiales de cultura nos deben a todos, y no sólo a tal o cual figura, la comprensión del dilema de la identidad. No hay identidad nacional sin Buenaventura Luna (y sin tantos otros), pero sobre todo no hay política cultural si no se comprende que la cultura es un reclamo de futuro, un reclamo de justicia para hoy mismo, y para el tiempo mediato y lejano del porvenir. 

 

- A través del estudio de sus textos y trabajos, pese a que no lo conoció completamente en persona, ¿cómo fue transformando su mirada hacia su abuelo, como hombre y como artista, en esta búsqueda?

El hecho de estudiarlo –luego de, siendo niño, haberlo recepcionado como “mito” a través de los relatos de mi abuela- ha producido, y sigue produciendo el efecto de que, cuanto más lo conozco, más sustento encuentro para sostener que aquella mujer admirable que fue Olga Maestre me regaló un legado tan bello y luminoso como su mismo amor. 

 

- ¿Con qué hecho se siente más identificado en la vida de Buenaventura y que es lo que más valor le da en toda la obra escrita por él?

En el plano personal, me identifico con su apasionada laboriosidad. En el plano de su propio origen, en la serena y amorosa contemplación de Huaco. En el plano político, con su comprensión de la cuestión nacional y social, y con su adhesión a los grandes movimientos nacionales y populares argentinos del siglo XX. En el plano de sus análisis históricos de largo alcance, con su reformulación del dilema sarmientino y su planteo –ya mencionado- de que “Una forma de civilización puede derrumbarse y se derrumba; pero la cultura no”. En el plano de su reflexión cultural más honda, con la postulación de una matriz cultural mestiza, cuna del criollo (arquetipo, en definitiva, del argentino).

Y en el plano más general de la totalidad de su producción, en el entendimiento –que es el que más rescato y valoro- de que “…el de la palabra es el arte supremo (…) ¿acaso la palabra no es dibujo, forma y color, y también música en el aire? (…) Si no fuera por la palabra (…) el hombre no hubiera experimentado jamás la necesidad de pensar. Ella no sólo lo ha liberado sino que lo ha elevado por sobre el instinto, aproximándolo a la noción milagrosa o, más todavía, a la sublime idea salvadora de la existencia de Dios”.

O como escribió el mismo Eusebio en uno de sus famosos papeles “sueltos”:

 

“Yo tengo de la palabra

sentido claro y diverso.

A veces se me hace canto

porque la entiendo a la vida

como una canción perdida

                           en medio del Universo”.



jueves, 22 de agosto de 2024

Pampa del Chañar - Andrés "Lolo" Hidalgo

"Del viaje largo, del breve amor"


 

   Al dorso de una de sus “hojitas sueltas”, aún se lee –con dificultad, pero se lee- esta deliciosa “copla y media” que Buenaventura Luna escribió acaso ensayando lo que luego sería su conocido poema “Mis agüelos”:

 

Mi abuelo fue arriero de viejas troperías,

mi padre fue labriego con alma de pastor.

Los dos, de aquellos hombres que consumen sus días

entre yerba, tabaco, ginebra y buen humor.

 

Tenían la nostalgia de antiguas tolderías,

del viaje largo, del breve amor.


viernes, 19 de julio de 2024

"Luego recobra su aliento"


 

 

   Nuestra madre y abuela Olga Maestre solía usar una expresión categórica y precisa cuando una expresión artística carecía de calidad o -peor aún- degradaba algo genuino, y entonces decía “Puro ripio”.  

Este modismo lo había tomado a préstamo del padre de sus hijos, Eusebio Dojorti, quien solía usarla en las mismas circunstancias para descalificar lo que fuera que pretendieran venderle como arte, sin serlo.

Brígida Maestre –hija de ambos- pensaba que su padre había sido exigente “y diría que hasta duro con sus músicos”, pero ello se debía a que, antes que con el resto, “primero era muy exigente consigo mismo”.

En la vida literaria de un escritor y poeta esto se ve reflejado en sus escritos que suelen estar cruzados por tachaduras y por distintos tipos de enmiendas que buscan mejorar el texto o, como en este caso, el verso.

Como puede leerse en el escaneo, Buenaventura va ensayando diversas variantes. En un momento escribe “El valle…”, del que va a decir que “queda un momento como en un vago estupor”, pero luego se decide porque sea “La vida…” misma la que permanezca en estado de estupor. En esta deriva, hay varias líneas tachadas por completo y hay un inicio también descartado, pero luego rescatado para que sea la primera línea del pulso final del verso, cuando dice: “Luego recobra su aliento…”.

Lo recobra el valle, y lo recobran los versos del poeta buceador que no se conforma con la primera versión de lo que escribe. Era, como también decía Brígida, un gran laburador y no se permitía caer en el “puro ripio”.

Carlos Semorile.

 

La piedra se trueca en otro

y la nieve en arrebol:

sobre el cerro, como un toro,

se está desangrando el sol.

 

(Siguen cuatro líneas tachadas)

(Tachado: El valle) La vida queda un momento

como en vago estupor…

(Tachado: Luego recobra su aliento)

sin el más leve rumor

sin el más vago movimiento.

Luego recobra su aliento

(Siguen cinco líneas tachadas)

laborioso y creador;

y sobre el fresco verdor,

en toda extensión del agro,

cada espiga es un milagro

y un prodigio cada flor.


Zamba de la Toldería - Grupo Yaraví

jueves, 18 de julio de 2024

Zamba Triste - El Chango Huaqueño

Dorada como un canto de cencerros


  

Una muestra de lo que la inspiración de Buenaventura Luna fue dejando esparcida en tantas hojitas sueltas, como esta donde escribió:

 

Dorada como un canto de cencerros,

como una tarde que murió otro día,

yo la encontré una tarde entre los cerros,

cuando el sol de los Incas se moría.

miércoles, 17 de julio de 2024

Chacarera de la Chaya - Eli Domínguez y Jonatan Vera

El molde de lo real


 

   Un par de días atrás publicamos un fragmento de un texto de Buenaventura titulado “Descripción de Maclacasto, pago de los gauchos pobres”, destinado a su audición “V Doble Zafarrancho Vocal”.

Dijimos entonces que era probable que “Maclacasto” fuese una localidad imaginada por Luna para situar allí su relato que tiene, como señala la amiga Helena Atienza, todos los componentes de una realidad social concreta. Por su parte, y consultado por nosotros para despejar cualquier duda, el compañero José Casas nos confirmó que no hay registro de que haya existido un pueblo llamado así, y que es verosímil que Eusebio Dojorti tomara a Tucunuco como modelo de “Maclacasto”.

Recordemos (siguiendo la investigación que nuestro hermano Casas llevó adelante como parte de su Tesis de Doctorado en Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNC (2015) –parte de esta tesis luego la incorporó en nuestro libro “Huaco, la tierra que yo más amo”-), que tras el fracaso de la Unión Regional Intransigente, y antes de dedicarse a la radio con el seudónimo de Buenaventura Luna, Dojorti bregó por los pueblos de la travesía, entre los cuales estaba Tucunuco.

De ahí la importancia de este nuevo hallazgo que, por lo que llevamos dicho, puede ser datado hacia los mismos años que la ya compartida “Descripción de Maclacasto” (acaso 1935, 1936 como muy tarde). En este caso, el texto es más breve y se halla manuscrito en una hoja suelta, de tamaño mediano, y que lleva señales del paso del tiempo (tiene un doblez a mitad de la hoja que puede subsanarse, pero le falta parte del margen superior derecho). Por lo demás, si bien comienza de modo similar, luego varía y es muy interesante la manera en que Dojorti/Luna presenta a las mujeres del pueblo reclamando a viva voz, mientras los hombres callan.

Carlos Semorile.

Descripción de Tucunuco, pago

de los gauchos pobres

Sábado. Pagan en los “Jasllampes”. Esto quiere decir que hay disgustos y satisfacciones a todo pasto. En los “Jasllampes” tienen “el” costumbre de “tratar a los cristianos, grandes y chicos, todos los sábados, porque todos los sábados hay “arreglo” general de libretas.

Este “mal costumbre” que los patrones tienen de amonestar a la pionada, suscita con frecuencia comentarios diversos en las quinchas. Casas de mujeres que siempre tienen la lengua más suelta que el cristiano varón…

-¡Eso es pa´ que viás vos!... Ya va pal año y tuaviya no los han daula libranza pa´ sacar esos trapos de la tienda ´el turco ´e la Villa…

Los cristianos varones, ¡como si lloviera!... No oyen, no piensa p´ajuera… Como si también tuvieran callos en el entendimiento…

Pero las mujerucas son porfiadas:

-¡Y tan amigos que son de las “retailas”! ¡Eso es lo que más me gusta a mí! Uno se mata pa´ servirleh bien, hasta con los changos, pero ellos nunca tan conformes…


martes, 16 de julio de 2024

"Entre Chile y Argentina"


    En otro de sus “papeles sueltos”, Buenaventura Luna dejó manuscrita esta belleza que habla de su viaje a Chile en 1952:

 

“Entre Chile y Argentina,

yo no tuve más amigo,

no más reparo ni abrigo

que esta manta sanjuanina.

 

Poncho de las arrierías

que en otro tiempo pasaron,

hace tiempo que se enfriaron

las manos que te tejieron,

las manos que te cardaron”. 


Chacarera de la Chaya - Andrés "Lolo" Hidalgo