El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Homenaje a Buenaventura Luna en el 50º aniversario de la Fiesta de la Tradición Jachallera

(En la foto, de izquierda a derecha: José Casas, Hebe Almeida de Gargiulo, Antonio Rodríguez Villar -en uso de la palabra-, Carlos Semorile, Guillermo Madero Marenco y Atilio Reynoso -músicos y miembros de la Academia Nacional del Folklore-).

 

Por Carlos Semorile

El sábado 20 de noviembre se realizó en Jáchal un homenaje a Buenaventura Luna, en el marco del 50º Aniversario de la Fiesta de la Tradición. El mismo se realizó en la histórica "Casona del 1800" ante un público entusiasta que, inclusive, participó realizando no sólo preguntas sino además aportes y cuestionamientos. El diputado Horacio Espejo realizó una emotiva lectura de fragmentos escogidos -por un servidor- de escritos de Eusebio Dojorti, ideas que sitúan a Dojorti/Luna más allá de un mero ícono congelado en el pasado, sino como un pensador del devenir argentino que nos sigue esperando en el futuro.

    Por su parte, Hebe Almeida de Gargiulo leyó un hermoso trabajo suyo sobre la presencia de la mujer en la poesía de Luna, y José Casas realizó una apretada síntesis de la historia de la Plaza Matriz de la Villa de Jáchal. A su turno, Antonio Rodríguez Villar rememoró haber sido testigo privilegiado del instante en que Buenaventura escribió, especialmente para Mario Arnedo Gallo, la letra de "Tonada de la rosa". Pero el presidente de la Academia Nacional del Folklore fue todavía más lejos y, haciendo un distingo entre el hombre que pasa por culto y aquel que realmente lo es, recordó una suerte de clase magistral que Eusebio Dojorti les hiciera a un grupo de amigos folkloristas sobre la pintura del renacimiento. El cierre del acto estuvo a cargo del diputado Juan Carlos Gioja quien, tomando una parte de las ideas de Dojorti leídas por Horacio Espejo, señaló que la cultura debería guiar y direccionar las acciones del hombre político. 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Buenaventura Luna y la Cultura como Reclamo de Futuro (Fragmento)

Por Carlos Semorile

 

En el Día de la Tradición, hoy en Huaco se realizará el mejor homenaje a Eusebio Dojorti: la presentación del futuro Centro Cultural Buenaventura Luna, lugar destinado al estudio de su obra. Para aportar a ese conocimiento, y también al necesario debate sobre lo que perrmanece y lo que debe cambiar, publico este urgido fragmento de “Buenaventura Luna y la Cultura como Reclamo de Futuro”:

 

Buenaventura Luna es reconocido como un notable poeta, como un inspirado compositor del folklore nativo, y porque en ambas disciplinas supo reflejar la vida y el sentir de su pueblo. Como fue uno de los pioneros, muchos lo consideran un tradicionalista férreo. Olvidan que la vanguardia folklórica de los años ´60 consideró que su obra permitió revitalizar el “solemne cadáver” en que se había convertido el cancionero nativo gracias a los celosos guardianes de “las formas estrictamente tradicionalistas y recopilativas” (Manifiesto del Nuevo Cancionero). Pero cuando a mediados de los ´30 lleva a su Tropilla de Huachi-Pampa a las radios de Buenos Aires, Luna intentaba, mediante el “lenguaje sencillo y emocional” de las canciones nativas, que Argentina volviera a ser interesante para los argentinos.

 

Se trataba de un tradicionalismo, sí, pero arraigado en nuestra matriz cultural mestiza y atravesado por la misma conciencia nacional y social que antes lo había arrimado a una muy activa militancia política. Un tradicionalismo interesado en las industrias aborígenes pero también en las más modernas industrias; en los ancestrales relatos orales y asimismo en el flujo intelectual contemporáneo y vivificante de cada región; en el canto no domesticado por las corporaciones de la masificación y la vulgarización del oído y el gusto popular; y, en definitiva, interesado en la cultura del pueblo dejada a un lado por la cultura oficial. Hay otro tradicionalismo -o “nacionalismo de duelo”- que sale al rescate de una tradición gloriosa y heroica sin duda, pero que, finalizada y concluida como está, representa tan sólo una “tradición”; es decir: un pasado que ha perdido su futuro, un museo de nostalgias sin capacidad de transformar la realidad.

 

Buenaventura, en cambio, formaba parte de un renacimiento cultual que buscaba afanosamente la revolución política que plasmara la modernización humana de las tradiciones nacionales en vez de asistir pasivamente a la liquidación insensible de las mismas. Hay dos momentos, situados en los extremos de su experiencia vital, que nos habilitan a pensarlo de este modo. A los 16 años, un precoz Eusebio Dojorti acababa de recorrer por su cuenta el país desde Chubut hasta Jujuy, y trataba de comunicar el diagrama exclusivamente agroexportador de la Argentina a sus artificialmente atrasados paisanos de Huaco: “En el Litoral y La Pampa -escribió- ‘los gringos’ recogen a máquina sus trigos”. Estaba diciendo que el esquema productivo semicolonial beneficiaba a unos pocos; al resto, necesariamente, los “deprimía”.

 

A los 46 años, sólo tres antes de morir, Luna realizó un viaje a Chile con el objetivo de alentar las obras del Camino Internacional San Juan-La Serena. Creía que la integración regional incentivaba las posibilidades del comercio y de las industrias locales -a través del Corredor Bioceánico-, amén de revitalizar históricos lazos culturales. Le desagradaría saber que aquel proyecto -que potenciaba nuestras capacidades industriales, científicas y técnicas- nunca se concretó; pero le entusiasmaría saber que hoy el camino vuelve a ser prioritario y que existen acuerdos para que su realización vuelva a ponerse en marcha.

 

  En apretada síntesis, Eusebio Dojorti entendía que la cultura abarca desde la anónima copla popular hasta las más complejas tradiciones sociales y políticas, y que la cultura está antes, durante y después de cualquier “civilización” o derrota circunstancial. Lo estratégicamente nacional y popular de este enfoque cultural fue comprender que debía rechazarse la autoimagen denigrada de lo argentino, recuperar el sentido de la iniciativa, trabajar en consecuencia por la reparación de la autoestima comunitaria, y reclamarle al futuro la materialización de nuestras mejores tradiciones socialmente justicieras. Para volver a sentir “esa alegría, tan nuestra y tan argentina de saber que todo es nuestro bajo el cielo argentino”. Y para que siempre “el de mañana sea un día claro, diáfano y feliz”.

martes, 5 de octubre de 2010

70 Aniversario de “El Fogón de los Arrieros”

Por Carlos Semorile

 

El lunes 7 de Octubre de 1940 comenzaba a irradiarse, desde Radio El Mundo de Buenos Aires y para gran parte del territorio nacional, El Fogón de los Arrieros, un programa escrito por Buenaventura Luna y animado por él mismo y por su conjunto La Tropilla de Huachi-Pampa.

 

Es mucho lo que se ha escrito respecto de la adhesión que logró aquella audición en un público que, como el propio Eusebio Dojorti y sus cachorros de La Tropilla, formaba parte del proceso migratorio que había depositado a los hijos del país argentino en los suburbios y en los oficios despreciados por la arrogante metrópoli. Por nuestra parte, perseveramos en sostener que la masividad y la fidelidad de la audiencia fueron posibles merced a que se respetó la inteligencia de los oyentes y, como en un juego de espejos, se les devolvió una imagen digna de sí mismos.

 

En este sentido, El Fogón de los Arrieros fue uno de esos fenómenos culturales que suelen anticiparse a los sucesos revolucionarios en la medida en que actúan como activos revalorizadores de la propia cultura y, por ello mismo, despejan el camino para la toma de conciencia de lo medular del drama nacional. Leamos cómo se despedía, el 16 de Diciembre del ´40, ese primer año del programa:

 

El éxito no ha sido casual. El material básico de Buenaventura Luna fue honradamente concebido y realizado; el gaucho, su vida y sus andanzas, justamente enfocados, tenían la humana pureza de la sencillez y de la verdad; se supo renunciar al éxito teatral para imponer las inquietudes y las alegrías del paisano y todo ello en el marco de verdadero sentimiento criollo. Así fue como El Fogón de los Arrieros se adentró a galope tendido en el corazón de los oyentes (…) Debemos agradecer a los oyentes, el favor de su atención y la cuantiosa correspondencia de aplauso con que nos honraron, y también debemos pedirles disculpas si aun no se ha contestado toda esa correspondencia y, al mismo tiempo, que nos perdonen por la renuncia sistemática a recibir visitas durante la transmisión. Ese hermetismo se debió al deseo de mantener el encanto imaginativo, el ensueño del oyente, que frecuentemente suele desvanecerse después de ver la acción dentro del estudio.

 

Para finalizar, tomemos un ejemplo al azar de un pequeño fragmento de aquellos libretos que Buenaventura Luna iba “tecleando como uno obseso, y era puro mate” que su compañera, Olga Maestre, le cebaba mientras velaba la parición nocturna de sus trabajos:

 

Silenciosa y liviana, la nieve ha puesto un lienzo blanco en las laderas serranas. Hacen los arrieros el camino que juega al escondite y se pierde a cada rato entre los altos fantasmas de los montes, entre el caldén y la chilca, que asoma a veces de la nieve que acalla los ecos sonoros de la tropa. Cuestas y repechos, vueltas y más vueltas, llega por fin el codiciado alto en el camino, el ansiado fogón, la consabida rueda de hombres y guitarras y el esperado relato del capataz que bien puede ser un trozo de la apasionante leyenda de Sinecio Trenzales, algunas sabrosas y concienzudas sentencias del Tata Viejo, alguna colorida escena en los ranchos de “Ña Bailona, La Pobre.

 

  ¿Hace cuánto que los oídos de los oyentes no son tratados con la delicada sonoridad que su atención merece? El libretista va depositando -melodioso, armónico- palabras que requieren, pero a la vez crean, un cierto tipo de oyente -refinado, sutil-, y la escucha se vuelve atenta a la espera -podría decirse que a la “pesca”- de la próxima perla que está por cruzar el éter. ¡Qué lujo! Años febriles de la radiotelefonía argentina: ¿se llega a valorar lo que tuvo entre manos, lo que ella misma propaló con tan intensa dignidad para el escucha? Aquel oyente-cazador posiblemente se haya perdido en el tiempo, huérfano de las palabras que, con su poder y su magia, lo invitaban a celebrar su propia cultura nacional.

jueves, 23 de septiembre de 2010

1944: Buenaventura Luna y el Terremoto de San Juan

Con motivo de cumplirse nuestro Bicentenario, el área de cine de la TV Pública produjo y puso en el aire una serie de 26 documentales de media hora cada uno. Los capítulos de “Huellas de un siglo”, tal el título del ciclo, abordan distintos acontecimientos cruciales de la vida nacional del siglo XX, desde el Centenario hasta los decisivos sucesos de 2001. Con la dirección de Hernán Khourián, el capítulo dedicado al Terremoto de San Juan -que aquí puede apreciarse en dos partes- toma a Buenaventura Luna como uno de los ejes de su relato. El excelente trabajo del guionista Fernando Ansótegui nos permite conocer la situación social de la provincia antes, durante y después de la tragedia, y -al mismo tiempo- saber de qué modo Buenaventura Luna (residente en Buenos Aires) se involucró en la misma, y qué reflexiones le provocó.


Huellas de un siglo - Terremoto de San Juan - Parte I

Huellas de un siglo - Terremoto de San Juan Parte II

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vitillo Ábalos le deja un flor a Buenaventura Luna

Invitado y homenajeado durante el Tercer Congreso Argentino de Cultura desarrollado en San Juan, don Vitillo Ábalos se hizo una escapada a Huaco y le dejó una flor a Buenaventura Luna. La foto que retrata el emotivo instante es una gentileza de Diego Vázquez Comisarenco.