El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

jueves, 30 de julio de 2020

"Vivos en La Montaña"



Por Carlos Semorile

Desde hace un tiempo, la que fuera la página feisbusqueana del Libro  de Huaco (Ediciones de La Montaña), pasó a ser la del CC Jáchal La Montaña, centro cultural que es “fruto de un hermoso encuentro de la gente de la cultura y el pensamiento popular jachalleros”. Desde allí se gestó una movida cultural que lleva por título “Vivos en La Montaña”, y que desde hace once emisiones tiene conmovida a buena parte de la diáspora jachallera. Uno de sus creadores, Cristian Mallea, lo cuenta de este modo: “Lo que comenzó como una salida de trinchera entre mis amigos del centro cultural Jáchal La Montaña, alrededor de la figura del gran José Casas, y en una reunión con el Negro Jorge Nene Carrizo y con Marcelo Castro Fonzalida, terminó siendo un fogón mucho más grande y haciéndose un fuego que va a ser difícil de apagar”.

Todo comenzó -no por casualidad- el pasado 25 de Mayo, con una sustantiva entrevista a José Casas, alma mater del CC Jáchal - La Montaña. Con la conducción atenta, cuidada y amorosa de Marcelo Castro Fonzalida y del propio Cristian Mallea, en sucesivos encuentros ellos fueron entrevistando –y, sobre todo, dejando hablar y escuchando- a los hijos de don Tito Capdevila y a la vez integrantes del grupo Auquimantu -Diego, Víctor, Koky, Arturo y Luis Capdevila-, a Fabián Olivares y Pedro Robledo (acompañados por el canto de Gonzalo Gordillo), a José Luis Castillo, a Angélica Sánchez y Juan Díaz, a Marisa Ferreyra y Mara García, a Daniel “Chato” Díaz, a Ramón Cabanay, a Valeria y Mary Mallea, al maestro “Tata” Díaz y al cantor Gaspar Escudero, al maestro Dante Tejada y al Chango Huaqueño.

Como reza el afiche promocional de “Vivos en La Montaña”, en estas charlas se conversó de “poesía, historia, pensamiento social, cosmovisión andina, culturas populares, música, artes visuales, oficios, territorio”. Pero también se abrieron muchos otros temas que forman parte de los debates más urgidos de la comunidad jachallera –como el tema del agua y de las empresas mineras, o la forma en que se gestiona la cosa pública-, y el modo en que la propia comunidad piensa estos asuntos.

Confieso que cuando Cristian Mallea me comentó la idea de llevar adelante este proyecto, no vi la posible trascendencia de un programa que ha resultado ser brillante, luminoso para todos los jachalleros -y amigos de Jáchal- que se prenden y están expectantes, pendientes, participativos, con muchas ganas de mirarse en un espejo digno como éste que el CC Jáchal-La Montaña pone a su alcance.

Se parece bastante a aquella propuesta que alguna vez elevó Eusebio Dojorti de hacer un programa radial, cuyo título sería “Un mensaje de Cuyo”, y que estaba pensado para invertir el habitual flujo comunicacional entre el centro y la periferia: se transmitiría desde Radio Graffigna de San Juan, y se propalaría hacia todo el país a través de la Red Azul y Blanca de Radio El Mundo, de Buenos Aires. En sus “Consideraciones Generales”, decía Dojortri: Este programa será equilibrado de suerte que él sea un exponente de la vida social, tradiciones, costumbres, lenguaje y trabajos propios de cada una de las tres provincias de cuyo. Será interesante no descuidar la descripción de lugares (el significado de sus nombres autóctonos), su historia, sujetos populares de antaño como “La Chapanay”, “El Gaucho Dolores”; industrias aborígenes y modernas. La vida intelectual deberá estar dignamente representada por los escritores, poetas y pintores más representativos de cada provincia”. Las semejanzas saltan a la vista.

Por último, quiero dedicarle unos renglones a la última proeza que llevaron adelante Marcelo Castro Fonzalida y Cristian Mallea transmitiendo dos programas consecutivos desde Huaco, para homenajear a Buenaventura Luna en el 65 aniversario de su fallecimiento. La comunidad huaqueña estuvo representada por sus maestros y sus cantores, síntesis casi perfecta de la comunión entre el arte de la palabra, y entender la vida como una canción del Universo.

El maestro Tata Díaz tuvo palabras muy emotivas para recordar a Carlos Mario “Pebo” Manrique, su propio maestro, que fue quien lo puso en la senda de embeberse de la poesía de Luna. Además, en una proeza dialéctica que no muchos académicos consiguen, logró conjugar –a partir de una moneda hallada en Huaco, y acuñada en 1806- en una sola frase al soldado irlandés John Dougherty, a las montoneras de Felipe Varela en su estadía huaqueña antes y después de ocupar Jáchal en 1867-68, y a los indios capayanes, originales dueños de esas tierras. Es decir, toda una memoria de resistencias y de luchas por la libertad.

Y el maestro Dante Tejada, alzando un cuadro de Buenaventura pintado con una birome por un joven sin manos, reiteró al aire la pregunta que él suele hacerles a quienes visitan Huaco: ¿conocen ustedes otro ejemplo en el mundo de un pueblo que dos veces al año se reúna para celebrar a su “Poeta”? Estas son las gentes de “Santa ´i Tierra” que, al decir de Buenaventura, “no se agravia mi Huaco, tierra de humildes pastores, que santifican, de siglos, cenizas de mis mayores”.

Además, estos dos homenajes representan la primera vez que, en las redes sociales, se recuerda a Dojorti/Luna de un modo adecuado a lo que él representa para la cultura popular argentina.

Todos los programas pueden volver a verse en la mencionada página feisbusqueana del CC Jáchal La Montaña, y este servidor –que no supo ver a tiempo lo que se venía de bueno- se los recomienda de corazón.


jueves, 3 de octubre de 2019

"Una canción perdida en medio del Universo"



Aparece en las redes esta interesante convocatoria –“Universo entre canciones. Un diálogo entre la física y la música”-, y no podemos menos que compartir aquellos versos que Buenaventura Luna escribió en uno de sus famosos “papeles sueltos”, y que siempre nos resultaron conmovedores, pero además nos parece que pueden ser un aporte para esta idea de abordar la realidad y los misterios del Cosmos desde la ciencia y la poesía.   

“Yo tengo de la palabra
sentido claro y diverso.
A veces se me hace canto
porque la entiendo a la vida
como una canción perdida
en medio del Universo”.

jueves, 1 de agosto de 2019

Guayama y “la tristeza de no poder nombrar a quien se ama”


Por Carlos Semorile

En su audición “Años y Leguas”, Buenaventura Luna trazaba una semblanza de quienes lideraron las luchas de los pueblos de los valles andinos: “Caído Quiroga en Barranca Yaco, le sucede ‘El Chacho’ Peñaloza en el acaudillamiento de la menguante montonera. Estas mismas luchas acreditan el sentido gregario y colectivista del tipo de la montaña, a diferencia de los valientes reales o legendarios de la llanura (…) En el Oeste, no hay héroe popular sin pueblo detrás suyo. En mayor o menor cuantía, lo mismo representan la natural tendencia lugareña al acto solidario y colectivo, los nombres de Quiroga y Peñaloza, que los no menos imponentes de los Varela, ‘El Guayama’ o ‘La Chapanay’”.

El escritor sanjuanino Juan Carlos Muñoz recrea la etapa final del legendario José de los Santos Guayama y lo rescata de entre “un laberinto de sombras” en desbandada, mientras la Nación Argentina levantaba sus muros sobre cimientos reforzados con los huesos del exterminio aborigen”, y de tantos otros gauchos, criollos y mestizos que no tenían cabida en el esquema “civilizatorio” de los vencedores.

En lo que va de diciembre de 1878 a febrero de 1879, la novela refleja un angustiante compás de espera que tiene grandes semejanzas con el desierto que circunda –y acecha- al caserío donde se enjuicia al rebelde. Allí, el representante del poder teme la posible revuelta de un “enemigo (que) venera dioses que sólo claman venganza”, aunque por momentos se perciba a sí mismo como “el verdugo de este pueblo”, el “guardián de este templo en ruinas”.

Un miembro encumbrado de la clase propietaria, un hombre letrado que desprecia “la malograda memoria de los rebeldes que nada sabían de literatura”. Un funcionario oscilante entre la euforia y el desasosiego, un dignatario demasiado pendiente de la opinión de sus pares, temeroso del variable estado de ánimo de los “vecinos” y del juicio de la Historia: “Nadie tiene porqué saber que mi voz tiembla y que no siempre se puede salir ileso de los actos de gobierno”.

Del otro lado, el reo Guayama espera y recapitula los episodios de su vida nómade, de guerrero sin treguas, de perseguido perpetuo: “Hay quienes coincidirán conmigo; otros no. Sus razones tendrán, y yo tengo las mías”. No tiene esperanzas de ser alcanzado por ninguna clase de clemencia; tan sólo lo sostiene “el silencio, la astucia y la fuerza” de los resistentes y oprimidos, y el recuerdo de la bella Amanda Ocampo: “En todo caso, lo mejor será mantener la boca cerrada, aunque sé que nada se parece más a la tristeza que no poder nombrar a quien se ama –dijo con el ánimo de escuchar el nombre de su amada y su voz”.

Desde luego, hay mucho más en “Guayama, el rebelde que murió seis veces”, la novela de Juan Carlos Muñoz que se presentará el próximo miércoles 7 de agosto en la Casa de San Juan, con la presencia de su autor y del historiador Hugo Chumbita. Vale la pena leerla porque, todavía hoy, hay quienes validan que haya “leyes que se escriben con la punta de la espada”. Otros seguimos pensando, junto con José de los Santos Guayama, que “La humillación sólo engendra violencia”.


jueves, 26 de julio de 2018

Identidad



    Al texto de mi hermano Cristian Mallea, que copio aquí debajo, sólo le quiero agregar una idea: a veces laburamos como perros (como lo hacía el propio Buenaventura Luna) para alcanzar ésto que se ve en la imagen: un reflejo cierto, genuino y digno de aquello que llamamos identidad, y sin la cual no somos casi nada.

 

Carlos Semorile.

 


Y llegamos por fin a Huaco. Aquí Mallea con otro Mallea: el niño Ezequiel Mallea, descendiente de los muchos Mallea de la Punta del Agua, muy cerquita de Huaco. ¡Gracias, huaqueños por el recibimiento de este pequeño gran sueño hecho libro! Muy pronto, compartiremos con Uds. más fotos, videos y escritos sobre el periplo maravilloso que hicimos por Jáchal y Huaco”.

 

Cristian Mallea.