El Pensamiento de Buenaventura Luna
jueves, 9 de febrero de 2017
sábado, 6 de agosto de 2016
“Eso que llamamos folklore”
Por Carlos Semorile
El primer acierto del libro de Emilio Pedro Portorrico es su título porque nuestra música popular de raíz campesina fue conocida bajo otros nombres (criolla, nativa o campera) antes de alcanzar y asentarse bajo su denominación de música folklórica. Su siguiente acierto es acompañar la evolución de ese nombre y cumplir, en cada una de sus páginas, con la promesa de hacer “una historia social de la música popular argentina de raíz folklórica”.
Esta “historia social” que explica y fundamenta la deriva de los distintos nombres de nuestra música, suele estar ausente en los diversos trabajos que se ocupan de ella y en las biografías de quienes han dejado un nombre perdurable en su desarrollo. Aquí, por el contrario, hay una deliberada intención de señalar el contexto que acompaña o demora, que restringe o facilita, el surgimiento y la aceptación de “eso que llamamos folklore”.
Ahora bien: es notable el modo armonioso en que Portorrico conjuga los nombres de las figuras y conjuntos, con los momentos en que surgieron, con las situaciones que propiciaron su encumbramiento (y a veces su olvido). De este entramado, surgen una cantidad de nuevos nombres que a veces tienen una vinculación directa (investigadores, instituciones), y otras veces son los nombres que marcan una época (nacionalismo, migraciones, Peronismo, etc.).
Así se va desplegando un fresco social parecido a una estampa de tiempos idos que inevitablemente remiten a disputas antiguas, pero también a cuestiones presentes: el papel de la radio (más adelante el de la televisión y el cine), el de las casas discográficas, el de las revistas especializadas, el de los centros nativistas, los centros de residentes y las peñas. Todo ello enmarcado por el rol que el Estado jugó siempre en torno a este nombre: folklore.
Hablar del
Estado es hablar de un orden histórico-político aún mayor donde aparecen las
Guerras Mundiales, el fluctuante precio de los productos exportables, la
sustitución de importaciones, la inmigración ligada a
Un pueblo que, bastante más allá de las estrategias hegemónicas de las élites ilustradas de principios del siglo pasado, supo encontrar en el folklore el nombre de aquella identidad que no pudieron, no supieron y no quisieron reconocerle aquellos que lo despojaron de la tierra y lo condenaron a un destino urbano de añoranza y pesadumbre. Un pueblo que supo transformar esa condena en un canto pleno de sentido, luz y conciencia, y que ha fecundado inclusive expresiones de la música popular urbana.
De todo esto habla “Eso que llamamos folklore”, acompañado por documentos gráficos exquisitos. Y por la formidable capacidad didáctica de Emilio, que no teme meterse con los mitos ni dejar sentada su opinión. Gracias!
jueves, 23 de junio de 2016
domingo, 5 de junio de 2016
La noche - Liliana Herrero - Imposible 2016
Liliana querida, qué bello
homenaje a Buenaventura y a su Tropilla de Huachi-Pampa, recién llegados de San
Juan en 1937 y tocando en
Con un muy agradecido “abrazo hermanador”,
Carlos.
miércoles, 23 de marzo de 2016
miércoles, 18 de noviembre de 2015
"Un Pájaro con voz de río"
De mi
hermano Cristian Mallea:
“PÁJARO
El fin de semana pasado, en algún rincón horario de
la noche, Ramón Marcelo Caballero tal vez se fue a sentar bajo un olivo. Quizá
pasó la víspera de la fiesta de la tradición, en la que debió cantar, pensando
en aquello que para siempre ignoraremos.
Me lo imagino sentado ahí, regalando al viento frío
de Jáchal su pensamiento claro y su infinita ternura, eso que lo hacía mirar
más allá de las caras de la gente, las hojas verdeolivas, las nubes nocturnas y
las piedras que habían caído del cielo como otras pestes que asolan hoy las
travesías del norte sanjuanino. Lo imagino sintiendo esa absoluta y radical
tristeza que debe sentir quien se va a ir. Pienso que estaba en paz, consciente
que pagaba el precio de haber construido su propio camino, lejos de la vanidad
y las apariencias.
Ninguno estaba preparado para ver partir al gran
trovador de Jáchal. Todos los escenarios, todos los fogones, todos los bares,
todos los amigos musiqueros, todos los poetas, todos los hombres y mujeres de
ley que he visto penar tras sus restos, lo esperarán ahora. Lo esperaremos
todos por siempre, mientras en un disco se escucha su guitarra criolla y su voz
de río.
Nunca había sentido sonar así una canción como la
que le dedicó su gente, ni un aplauso tan hondo (en un tono bajo, respetuoso,
casi rozado) como el que le regaló su pueblo. Pero volviendo a aquel patio, a
aquel olivo... Ay, Pájaro, ¿así tenía que ser? Voy a tardar en responderme esta
pregunta. Mientras tanto, te deberé por siempre este silencio, este respeto,
este amor. Hasta la vista, hermano”.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Amor a Don Buena
Por Carlos
Semorile
Hoy
en la mañana, mi compañera puso un amoroso cuidado en darme la pésima noticia
de la muerte de Marcelo “Pájaro” Caballero. Otros con más conocimientos y
cercanía, harán la crónica de sus trabajos y sus días, pero puedo afirmar que
ha muerto un inmenso cantor, un jachallero que hace mucho debió trascender al
conocimiento masivo que merecen –y muchísimas veces no tienen- los muy buenos
intérpretes del canto argentino. Y eso duele porque el Pájaro hubiese tenido
otras chances, y duele porque una inmensa mayoría ignora cuánto ha perdido con
su muerte. Se desconoce su canto pausado y melodioso, la cálida potencia de su
voz y, sobre todo, su formidable ternura.
La
última vez que lo vi, estuvimos charlando en la puerta de
No
suelo escribir así el nombre de Eusebio Dojorti, y si lo hago aquí es porque el
Pájaro era uno de esos hombres que realmente aman la poesía y el canto de
Buenaventura. En su último disco, se le había quedado afuera una versión creo
que de

