El Pensamiento de Buenaventura Luna
sábado, 7 de febrero de 2015
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Cuento de Navidad
(Imagen rescatada por Rodolfo Ferrer)
Cuento de Navidad
Canción: letra de
Buenaventura Luna y música de Eduardo Falú
Sus largas orejas
el asno paró:
“¿Adónde ha nacido?”,
el buey preguntó.
Muy quedo, la oveja
balaba: “en Belén”.
Los Reyes dijeron:
“Será para bien”.
Calentaron con su
aliento
al recién nacido Rey,
los corderos y el
jumento,
lo mismo que el manso
buey.
Y a este cuento que
yo digo,
siendo chango lo
contó
El Tatita, que es mi
amigo.
Por eso yo creo en
Dios.
II
A la medianoche
el gallo cantó.
Los hombres le oyeron:
“¡Ya Cristo nació!”
La estrella nos
guiaba
con rumbo a Belén
y todas la cosas
dijeron: “¡Amén!”
Calentaron con su
aliento
al recién nacido Rey,
los corderos y el
jumento,
lo mismo que el manso
buey.
Y a este cuento que
yo digo,
siendo chango, lo
contó
El Tatita, que es mi
amigo.
Por eso yo creo en
Dios.
lunes, 22 de diciembre de 2014
martes, 25 de noviembre de 2014
lunes, 10 de noviembre de 2014
Palabras de Buenaventura Luna sobre Martín Fierro y la Justicia Social (1952)
Entiéndase
bien que Martín Fierro es un símbolo; símbolo de un campesino gaucho que tuvo
en su pago en un tiempo, hijos, hacienda y mujer, “pero empecé a padecer, me
echaron a la frontera, y qué iba a hallar al volver, tan sólo hallé la tapera”.
Él, el gaucho, había ido a servir a
Después,
tiempo más tarde, le quebró la rienda al caballo para embarrarlo en la batalla
contra el indio ranquel que amenazaba los inmensos pastoreos de los estancieros
cuasi gringos de Buenos Aires. Ése fue su delito, el único delito decisivo de
su drama, entre otras cosas, porque esta vez ya no iba a pelear bajo el mando
de aquellos que, equivocados o no y por sobre toda divergencia circunstancial,
perdurarán siempre en la emoción de argentinos y chilenos como representativos
ardientes de
Y a los cuales sólo podemos -y sólo debemos- contemplar ahora desde el punto de vista dichoso y feliz de las conciliaciones nacionales e internacionales ya logradas en nuestras tierras precisamente por éso: porque casi todos, o todos ellos, tuvieron que pedir prestada una camisa, que vale casi tanto como decir la túnica dos veces milenaria del redentor Galileo, para dar gracias por su victoria contra los enemigos de su vocación más alta: la de
