El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

miércoles, 14 de julio de 2010

Cuatro Nombres Argentinos

Por Carlos Semorile.
En julio de 1911, poco antes de debutar en su Santiago del Estero, Andrés Chazarreta le decía a un periodista: “En mis representaciones se verá la hermosa tradición de nuestra provincia y que a la par de la música, los bailarines interpretarán los distintos bailes criollos de antaño y que el tiempo va esfumándolos por una apatía incomprensible. Entiendo que es el momento oportuno de hacer revivir esas tradiciones y presentar al mundo civilizado sus grandezas… millares de argentinos mueren sin conocer la música tradicional creada por nuestros antepasados”.
Diez años más tarde, la compañía de Chazarreta recibirá un decisivo apoyo al presentarse en la siempre difícil Buenos Aires. Don Ricardo Rojas recordaba de este modo aquel ciclo memorable en el Politeama: “Presenté comentando su repertorio, y durante numerosas noches el teatro fue lugar de asambleas agitadas por una honda emoción estética y patriótica. A pesar del ‘tango argentino’, se vio que poseíamos otra danza más profunda y más pura. A pesar del cosmopolitismo, se vio que las brasas del espíritu nacional podían reencenderse al contacto del arte. Contribuían a ese efecto la variedad del repertorio, la maestría de los intérpretes, la novedad del acontecimiento; pero también la voz de Patrocino Díaz, pues el verso y la música son integrantes de la danza en toda fiesta popular argentina. El coro de las vidalas, el frenesí de la mediacaña, la elegancia del cuando, la alegría del gato, la gracia de la zamba, la ingenuidad de la firmeza, el ritmo del malambo, acompañados por la guitarra, el arpa y la caja, hicieron sentir, en la emoción del baile nativo, el alma de la patria”.
Efectivamente, Rojas pensaba que “el alma de las Naciones tiene también su canto”, y por eso mismo se congratulaba de haber redactado el programa de la revista Música de América, que “ha sido la tribuna que más valientemente ha preconizado las doctrinas de Eurindia en la música, en contra de un cosmopolitismo sin raza ni inspiración personal”. Aún con semejante lastre, el diagnóstico para una música propia y no imitativa, no era malo: “Todo esto será vencido por la escuela argentina que empieza a crear obras originales”. Unas páginas más adelante -y siempre en Eurindia- dirá Ricardo Rojas: “Recientes investigaciones sobre la música y danzas argentinas, han dado valor a la letra que generalmente las acompaña. Los repertorios de Chazarreta y Gómez Carrillo, ambos de reciente edición, ilustran esta materia del canto regional, en cuanto se refiere a las provincias del norte, así como hay un viejo libro de Lynch sobre el canto popular en la provincia de Buenos Aires, tal como floreció hace medio siglo. En mi ‘País de la Selva’ y en ‘Los Gauchescos’ he descripto el ambiente en que vive esta poesía, ilustrando la descripción con abundantes glosas y ejemplos”.
Algunas de esas “abundantes coplas” serían extractadas casi medio siglo más tarde por Buenaventura Luna e interpretadas por él mismo y por su conjunto Los Manseros del Tulum, en una grabación que en 1949 constituía toda una novedad: era la primera experiencia en el mundo entero de un “libro sonoro”. Basado entonces en El País de la Selva, el registro se constituye en una página de aquella “geografía espiritual” que Rojas reclamaba para empezar a conocernos: “Nadie que estudie el alma de aquel pueblo la habrá reconocido del todo hasta no verla cómo se regocija en sus fiestas. Allí manifiesta todas sus excelencias y defectos, bajo las formas de un mismo espectáculo sencillo y conmovedor. Allí están reunidos sus amores, sus alegrías, su cancionero, su arte y sus mitos, en tanto que, desde el fondo silencioso de sus tristezas habituales, un ansia suprema de libertar la vida arroja esa muchedumbre de almas en los desenfrenos de la bacanal”. Todas estas manifestaciones del espíritu popular se grabaron hondamente en la sensibilidad del escritor nacional y ya en la primera pista de aquel “libro sonoro”, el propio Ricardo Rojas dejaba en claro los motivos de su País de la Selva: “Este libro es la pequeña ofrenda prometida de mi corazón a aquella tierra donde viví la infancia, y donde ahora muertos de mi sangre, duermen al suave arrullo de sus frondas”.
Con similar nostalgia, Atahualpa Yupanqui recordaba La vidala del regreso, de Rojas: “Vuelvo cantando a estos pagos donde otros años viví… Ay, vidalita de mis paisanos, santas memorias me traen así”. Y seguía diciendo Yupanqui: “Siempre recuerdo las lecciones que daba don Ricardo Rojas sobre la praxis de folklore, sobre la filosofía de folklore, sobre esa materia tan hermosa y difícil que es la psicografía, la psiquis del paisaje la llamaba él en sus ejemplares clases de aquellos años, el ´25, el ´28, el ´30, el ´32. Nunca fui su amigo en el tramo profundo, había grandes diferencias. Mi orfandad, mi pobreza, el andar que me condenaba. Hace muchos años que no oigo el nombre de Ricardo Rojas y de sus obras. Ni siquiera en los centros culturales donde se estudia, se lee o se busca la raíz. Destino será. No sé quién gana con eso, o quién pierde. Sólo me llama alguna copla, aquella que dice: ‘ninguna fuerza se pierde, toda fuerza se gana, por pequeña que parezca’. Me place recordar a un argentino de quien tanto aprendimos y a sus reflexiones, sus desvelos, su conducta de criollo, de hombre que estudiaba, que apagaba tarde su lámpara para beneficio de la Patria. De la cultura de la Patria, de esto que llamamos Patria con tanto orgullo. Puesto que Patria significa tierra de los padres. Ésta es la Patria para nosotros los criollos. La tierra de nuestros padres”.
En pocas líneas, hemos nombrado a cuatro argentinos -Ricardo Rojas, Andrés Chazarreta, Atahualpa Yupanqui y Buenaventura Luna-, cuatro criollos que tal vez por sus grandes diferencias no llegaron a ser amigos “en el tramo profundo” pero que compartieron una misma pasión por el país argentino. Ellos lucharon para que dejásemos de ser un pueblo sin confianza en nuestras propias capacidades -que fatalmente desconocemos-, y cándidamente dispuestos a dejarnos intimidar por cualquier “civilización”. Habitualmente se nos dice que permanecemos anclados en el pasado pero, lejos de ello, giramos en el vacío que se produce por efecto del permanente quiebre con nuestra herencia comunitaria. Como en alguna oportunidad se escribió, cada nueva generación debe empezar todo desde cero, obligada como está a interrogar una identidad por lo menos confusa y de seguro desarraigada. Pero, ¿no hablábamos de música? Sí, y al hacerlo surgió esta trama de nombres y reflexiones sobre el destino argentino, sobre sus “supuestas” imposibilidades y sobre las reales potencialidades de la Nación. En el canto y la música popular viven algunas de estas vigorosas memorias argentinas. Y ellas siguen reclamando un futuro para nuestro pueblo.

1 comentario:

  1. Buenas paisanos !! nombrar a estos cuatro patriotas es el sentimiento nacional por excelencia y valor! Un deseo que estas grandes obras no se pierdan para nada en el mundo!. Los invito a todos que lean esta pequeña acotaciòn divulgen a los cuatro puntos cardinales del mundo entero! parafraseando a nuestro poeta pampeano Julio dominguez "El Bardino" que dijo:
    “Si alguno se cree cantor
    que obedezca a su región,
    de no, habrá equivocación
    cuando se hable de cantares"
    Catato Diaz
    Cronista del Folkore
    Santa Rosa-La Pampa
    http://lapampeanita-haciendopatria.blogspot.com

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