El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

jueves, 3 de octubre de 2019

"Una canción perdida en medio del Universo"



Aparece en las redes esta interesante convocatoria –“Universo entre canciones. Un diálogo entre la física y la música”-, y no podemos menos que compartir aquellos versos que Buenaventura Luna escribió en uno de sus famosos “papeles sueltos”, y que siempre nos resultaron conmovedores, pero además nos parece que pueden ser un aporte para esta idea de abordar la realidad y los misterios del Cosmos desde la ciencia y la poesía.   

“Yo tengo de la palabra
sentido claro y diverso.
A veces se me hace canto
porque la entiendo a la vida
como una canción perdida
en medio del Universo”.

jueves, 1 de agosto de 2019

Guayama y “la tristeza de no poder nombrar a quien se ama”

En su audición “Años y Leguas”, Buenaventura Luna trazaba una semblanza de quienes lideraron las luchas de los pueblos de los valles andinos: “Caído Quiroga en Barranca Yaco, le sucede ‘El Chacho’ Peñaloza en el acaudillamiento de la menguante montonera. Estas mismas luchas acreditan el sentido gregario y colectivista del tipo de la montaña, a diferencia de los valientes reales o legendarios de la llanura (…) En el Oeste, no hay héroe popular sin pueblo detrás suyo. En mayor o menor cuantía, lo mismo representan la natural tendencia lugareña al acto solidario y colectivo, los nombres de Quiroga y Peñaloza, que los no menos imponentes de los Varela, ‘El Guayama’ o ‘La Chapanay’”.

El escritor sanjuanino Juan Carlos Muñoz recrea la etapa final del legendario José de los Santos Guayama y lo rescata de entre “un laberinto de sombras” en desbandada, mientras la Nación Argentina levantaba sus muros sobre cimientos reforzados con los huesos del exterminio aborigen”, y de tantos otros gauchos, criollos y mestizos que no tenían cabida en el esquema “civilizatorio” de los vencedores.

En lo que va de diciembre de 1878 a febrero de 1879, la novela refleja un angustiante compás de espera que tiene grandes semejanzas con el desierto que circunda –y acecha- al caserío donde se enjuicia al rebelde. Allí, el representante del poder teme la posible revuelta de un “enemigo (que) venera dioses que sólo claman venganza”, aunque por momentos se perciba a sí mismo como “el verdugo de este pueblo”, el “guardián de este templo en ruinas”.

Un miembro encumbrado de la clase propietaria, un hombre letrado que desprecia “la malograda memoria de los rebeldes que nada sabían de literatura”. Un funcionario oscilante entre la euforia y el desasosiego, un dignatario demasiado pendiente de la opinión de sus pares, temeroso del variable estado de ánimo de los “vecinos” y del juicio de la Historia: “Nadie tiene porqué saber que mi voz tiembla y que no siempre se puede salir ileso de los actos de gobierno”.

Del otro lado, el reo Guayama espera y recapitula los episodios de su vida nómade, de guerrero sin treguas, de perseguido perpetuo: “Hay quienes coincidirán conmigo; otros no. Sus razones tendrán, y yo tengo las mías”. No tiene esperanzas de ser alcanzado por ninguna clase de clemencia; tan sólo lo sostiene “el silencio, la astucia y la fuerza” de los resistentes y oprimidos, y el recuerdo de la bella Amanda Ocampo: “En todo caso, lo mejor será mantener la boca cerrada, aunque sé que nada se parece más a la tristeza que no poder nombrar a quien se ama –dijo con el ánimo de escuchar el nombre de su amada y su voz”.

Desde luego, hay mucho más en “Guayama, el rebelde que murió seis veces”, la novela de Juan Carlos Muñoz que se presentará el próximo miércoles 7 de agosto en la Casa de San Juan, con la presencia de su autor y del historiador Hugo Chumbita. Vale la pena leerla porque, todavía hoy, hay quienes validan que haya “leyes que se escriben con la punta de la espada”. Otros seguimos pensando, junto con José de los Santos Guayama, que “La humillación sólo engendra violencia”.

Por Carlos Semorile.

jueves, 26 de julio de 2018

Identidad



   Al texto de mi hermano Cristian Mallea que copio aquí debajo, sólo le quiero agregar una idea: a veces laburamos como perros (como lo hacía el propio Buenaventura Luna) para alcanzar ésto que se ve en la imagen: un reflejo cierto, genuino y digno de aquello que llamamos identidad, y sin la cual no somos casi nada.

Carlos Semorile.


"Y llegamos por fin a Huaco. Aquí Mallea con otro Mallea: el niño Ezequiel Mallea, descendiente de los muchos Mallea de la Punta del Agua, muy cerquita de Huaco. ¡Gracias, huaqueños por el recibimiento de este pequeño gran sueño hecho libro! Muy pronto, compartiremos con Uds. más fotos, videos y escritos sobre el periplo maravilloso que hicimos por Jáchal y Huaco."

Cristian Mallea.

jueves, 14 de junio de 2018

“Sentencias del Tata Viejo”



Por Carlos Semorile

Así reza simplemente esta hoja suelta, mecanografiada por Buenaventura Luna en la que, como tantas otras que deben haberse perdido, Eusebio seguía anotando más versos paras sus “Sentencias”. En este caso, con una fuerte impronta espiritual y cristiana:

“¡Qué saben de tus tropiezos
los escombros del camino!...
No hagas nunca el desatino
de fabricar “aleluyas”,
pa´ achacar las faltas tuyas
tan solamente al Destino.

Y aunque por Ley inviolable
no se vive sin dolor,
siempre es más duro el rigor
del que maldice, inconsciente,
culpando a la extraña gente
de su propia falta de amor.

Si sabes cuidar tu alma,
bien podrás vivir contento;
si en el más negro tormento,
si renegar de tu cruz,
buscas salvarte en la luz
que Dios onos ha puesto adentro".

miércoles, 13 de junio de 2018

Luna de Huaco y Las Sentencias del Tata Viejo



Por Carlos Semorile

Las cantantes y músicos Nanzi Tortone, Alicia Dutruel, Juan Carlos Ciallella, Daniel “Chato” Díaz y Elio Balderramo, acaban de representar el espectáculo “Luna de Huaco – Tributo a Buenaventura Luna” en Jáchal, basado en una selección de canciones, poemas y palabras del poeta huaqueño. Luego de la muy receptiva y emotiva respuesta del sensible público jachallero, volverán a presentarse en la ciudad de Córdoba, en esta oportunidad con su versión de “Las Sentencias del Tata Viejo”, obra conceptual basada en los poemas de Buenaventura Luna que en su momento musicalizara bellamente Oscar Valles.

Conversando -vía correo electrónico- de este proyecto con Nanzi Tortone, surgió la idea de utilizar como posible imagen de fondo algunas de las muchas “sentencias” que quedaron afuera de “Las Sentencias”. Las mismas fueron irradiadas dentro de la famosa audición “El Fogón de los Arrieros”, que bajo la dirección de Luna tuvo un espacio en Radio El Mundo desde 1940 hasta 1946. En esta creación radiofónica suya, Buenaventura interpretaba el papel de “capataz de arrieros” que, en las pausas de los fogones realizadas durante la travesía, iba desgranando las sentencias de un personaje legendario y sabio: el Tata Viejo.

Aquí van, pues, algunas de estas otras “Sentencias del Tata Viejo”.

 “Si te gusta ver el circo,
fijate en las payasadas:
las más juertes carcajadas
siempre las suele arrancar,
aquel que debe aguantar
los golpes y bofetadas…

Nu´hay como andar en la mala
pa´ ver claritas las cosas.
Las gentes son caprichosas…
y yo hi oido en los velorios,
después de los responsorios…
las chacotas más graciosas.

Contra penas y tristezas,
una firme fe me asiste…
La mayor juerza consiste
en ver que el mundo se aleja
del cobarde que se queja…,
de lo débil y lo triste.

Y aquí eles debo enseñar
lo que aprendí de un cantor:
‘Si nunca pude, al dolor
separar de mi camino,
le contrapongo el divino
poder grande del amor’.

¡Qué cosa linda es el mundo,
qué linda cosa el querer!...
¡Quién me pudiera golver
aquella dicha perdida…
Nada hay más bello en la vida
que el mirar di´ una mujer!”

miércoles, 2 de mayo de 2018

Instantáneas de un encuentro dichoso



Anoche, 1º de Mayo, presentamos "Huaco, la tierra que yo más amo", en el Stand de San Juan de la Feria del Libro.

Cristian Mallea ofició, con ternura, talento y mesura, de maestro de ceremonia. Explicó el alcance de la iniciativa, que implica echar a andar un sello editorial que forma parte del Centro Cultural Jáchal - La Montaña, e hizo una contundente referencia a una de las principales encrucijadas políticas del país argentino: el problema de la tierra...

José Casas, con su pluma impar, trazó un recorrido poético por los contenidos del libro, y por las biografías de sus autores, todos ligados, de una manera u otra, con aquel "valle que sueña con un lejano horizonte". Rescató asimismo aquel verso de Buenaventura Luna, que ya es de alcance universal:

"Yo tengo de la palabra
sentido claro y diverso.
A veces se me hace canto
porque la entiendo a la vida
como una canción perdida
en medio del Universo."

   Sandra Palomares le puso garra, amor y pasión a las palabras que este servidor escribió como Prólogo del libro. Si el oído no me falla, se comprendió desde el espíritu, y también desde los corazones que la obra de Eusebio Dojorti/Buenaventura Luna es un llamamiento al amor "por su gente, por su idioma, por su filosofía y por su canto. Por el pueblo irredento, por sus aspiraciones, sus creencias y su fe".

   Un emocionado Diego Capdevila, el hijo de Don Tito Capdevila, se fue acrecentando en la voz y el sentimiento a medida que pasaban los temas: una obra de su padre dedicada a Don Buena, Los últimos gauchos, y Vallecito.


Y, entonces, quienes nos acompañaron, y aún quienes acertaban a pasar por allí, pudieron sentir “las piadosas manos magras” de aquella “vieja huaqueña, de negro rebozo pobre, y antiguo credo cristiano”.

Por Carlos Semorile.