El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

sábado, 6 de agosto de 2016

“ESO QUE LLAMAMOS FOLKLORE”



El primer acierto del libro de Emilio Pedro Portorrico es su título porque nuestra música popular de raíz campesina fue conocida bajo otros nombres (criolla, nativa o campera) antes de alcanzar y asentarse bajo su denominación de música folklórica. Su siguiente acierto es acompañar la evolución de ese nombre y cumplir, en cada una de sus páginas, con la promesa de hacer “una historia social de la música popular argentina de raíz folklórica”.

Esta “historia social” que explica y fundamenta la deriva de los distintos nombres de nuestra música, suele estar ausente en los diversos trabajos que se ocupan de ella y en las biografías de quienes han dejado un nombre perdurable en su desarrollo. Aquí, por el contrario, hay una deliberada intención de señalar el contexto que acompaña o demora, que restringe o facilita, el surgimiento y la aceptación de “eso que llamamos folklore”.

Ahora bien: es notable el modo armonioso en que Portorrico conjuga los nombres de las figuras y conjuntos, con los momentos en que surgieron, con las situaciones que propiciaron su encumbramiento (y a veces su olvido). De este entramado, surgen una cantidad de nuevos nombres que a veces tienen una vinculación directa (investigadores, instituciones), y otras veces son los nombres que marcan una época (nacionalismo, migraciones, Peronismo, etc.).

Así se va desplegando un fresco social parecido a una estampa de tiempos idos que inevitablemente remiten a disputas antiguas, pero también a cuestiones presentes: el papel de la radio (más adelante el de la televisión y el cine), el de las casas discográficas, el de las revistas especializadas, el de los centros nativistas, los centros de residentes y las peñas. Todo ello enmarcado por el rol que el Estado jugó siempre en torno a este nombre: folklore.

Hablar del Estado es hablar de un orden histórico-político aún mayor donde aparecen las Guerras Mundiales, el fluctuante precio de los productos exportables, la sustitución de importaciones, la inmigración ligada a la Guerra del Chaco, la pauperización de las clases populares durante la Década Infame, o el aumento de los salarios durante el Peronismo y el consecuente aumento de los consumos de índole cultural. El Estado como nombre oculto del Pueblo.

Un pueblo que, bastante más allá de las estrategias hegemónicas de las élites ilustradas de principios del siglo pasado, supo encontrar en el folklore el nombre de aquella identidad que no pudieron, no supieron y no quisieron reconocerle aquellos que lo despojaron de la tierra y lo condenaron a un destino urbano de añoranza y pesadumbre. Un pueblo que supo transformar esa condena en un canto pleno de sentido, luz y conciencia, y que ha fecundado inclusive expresiones de la música popular urbana.

De todo esto habla “Eso que llamamos folklore”, acompañado por documentos gráficos exquisitos. Y por la formidable capacidad didáctica de Emilio, que no teme meterse con los mitos ni dejar sentada su opinión. Gracias!

Por Carlos Semorile.

domingo, 5 de junio de 2016

La noche - Liliana Herrero - Imposible 2016

Liliana querida, qué bello homenaje a Buenaventura y a su Tropilla de Huachi-Pampa, recién llegados de San Juan en 1937 y tocando en la Biblioteca Nacional de la calle México…, homenaje a esa Casa también y a lo que por ella hicieron Horacio, Teresa y María Pía (y ese día vi el orgullo en los ojos de muchos laburantes que recuperaban su historia y patrimonio)…, homenaje a la vez al amor de Dojorti por las palabras, descendiente al fin de aquellos irlandeses que creyeron siempre en el poder de las palabras y gracias a ellas sobrevivieron..., homenaje a Juan Pablo Maestre –hijo de Eusebio y de una mujer inmensa, Olga Maestre-, bibliotecario en la vieja facultad de Filosofía y Letras, que también compuso algunas bellas canciones y que siempre decía –como su amigo y compañero Carlos Olmedo- que “los fierros pesan pero no piensan”…, homenaje a los biblioratos, a los estantes y al polvo que acumulan hasta que alguien llega y, como diría el Profe Horacio, encuentra una gema entre olvidados anaqueles…, como esta canción “La Noche” que ahora tendrá un nuevo ciclo gracias a tu magnífico rescate que no alcanzo a agradecerte de modo suficiente…
Con un muy agradecido “abrazo hermanador”,
Carlos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

"Un Pájaro con voz de río"





De mi hermano Cristian Mallea:

"PÁJARO


El fin de semana pasado, en algún rincón horario de la noche, Ramón Marcelo Caballero tal vez se fue a sentar bajo un olivo. Quizá pasó la víspera de la fiesta de la tradición, en la que debió cantar, pensando en aquello que para siempre ignoraremos.


Me lo imagino sentado ahí, regalando al viento frío de Jáchal su pensamiento claro y su infinita ternura, eso que lo hacía mirar más allá de las caras de la gente, las hojas verdeolivas, las nubes nocturnas y las piedras que habían caído del cielo como otras pestes que asolan
hoy las travesías del norte sanjuanino. Lo imagino sintiendo esa absoluta y radical tristeza que debe sentir quien se va a ir. Pienso que estaba en paz, consciente que pagaba el precio de haber construido su propio camino, lejos de la vanidad y las apariencias.



Ninguno estaba preparado para ver partir al gran trovador de Jáchal. Todos los escenarios, todos los fogones, todos los bares, todos los amigos musiqueros, todos los poetas, todos los hombres y mujeres de ley que he visto penar tras sus restos, lo esperarán ahora. Lo esperaremos todos por siempre, mientras en un disco se escucha su guitarra criolla y su voz de río.


Nunca había sentido sonar así una canción como la que le dedicó su gente, ni un aplauso tan hondo (en un tono bajo, respetuoso, casi rozado) como el que le regaló su pueblo. Pero volviendo a aquel patio, a aquel olivo... Ay, Pájaro, ¿así tenía que ser? Voy a tardar en
responderme esta pregunta. Mientras tanto, te deberé por siempre este silencio, este respeto, este amor. Hasta la vista, hermano."

domingo, 15 de noviembre de 2015

Amor a Don Buena



Hoy en la mañana, mi compañera puso un amoroso cuidado en darme la pésima noticia de la muerte de Marcelo “Pájaro” Caballero. Otros con más conocimientos y cercanía, harán la crónica de sus trabajos y sus días, pero puedo afirmar que ha muerto un inmenso cantor, un jachallero que hace mucho debió trascender al conocimiento masivo que merecen –y muchísimas veces no tienen- los muy buenos intérpretes del canto argentino. Y eso duele porque el Pájaro hubiese tenido otras chances, y duele porque una inmensa mayoría ignora cuánto ha perdido con su muerte. Se desconoce su canto pausado y melodioso, la cálida potencia de su voz y, sobre todo, su formidable ternura.

La última vez que lo vi, estuvimos charlando en la puerta de la Casa de la Cultura de Jáchal. En esa conversación, me conminó a preparar un escrito en base a textos y canciones de Buenaventura Luna para un espectáculo que él representaría en el Encuentro de Poetas de Cosquín. De regreso a Buenos Aires, trabajé en ello y salió el libreto de “Una canción perdida en medio del Universo”. El Pájaro no pudo presentarlo en el Encuentro de Poetas, pero iba a hacerlo en el Teatro del Bicentenario de Jáchal en el marco de la Fiesta de la Tradición. Y aunque no pudiese estar allí para verlo, me hacía ilusión que fuese su voz la que interpretase las canciones y las palabras de Don Buena.

No suelo escribir así el nombre de Eusebio Dojorti, y si lo hago aquí es porque el Pájaro era uno de esos hombres que realmente aman la poesía y el canto de Buenaventura. En su último disco, se le había quedado afuera una versión creo que de la Zamba de la Toldería, y no se lo podía perdonar. Pero justamente la había desechado porque juzgó que no estaba a la altura del Poeta. Y ese es el punto, me parece: Marcelo Caballero era un alto poeta, de esos que hacen poesía cuando cantan y también cuando callan.

Carlos Semorile.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Derecho al Acervo



Hoy al mediodía estuve en el Anexo Sur de la Biblioteca Nacional, que no es otra que su antigua sede de la calle México 564, que vuelve a ser parte de la Biblioteca bajo el nombre Borges-Groussac, en homenaje a dos de sus directores más emblemáticos. Se trata del rescate de un edificio que será puesto en valor pero cuya restauración, como planteó Horacio González, implica además una profunda reparación para la historia cultural y para la memoria de los argentinos. González se refirió a los inmensos anaqueles de la antigua sala de lectura –“estas estanterías vacías nos estaban llamando”-, y lo propio hizo Teresa Parodi cuando llamó a llenarlas con los libros que le darán vida. "Desde el primer momento que creamos el Ministerio de Cultura tuve largas charlas con Horacio y fue naciendo esta idea de restituir la antigua sede, la ocupación otra vez del primer piso por parte de la Biblioteca Nacional".

En ese primer piso, están iniciadas las obras de restauración en la que fuera la oficina del director que ocuparon tanto Groussac como Borges, e impresiona pensar que durante tantos años conoció el olvido y la desidia. En su Historia de la Biblioteca Nacional –Estado de una polémica-, González escribió que “alguna vez se tendrá, finalmente, el testimonio asombroso de que por esfuerzo de sus lectores, trabajadores y administradores, la Biblioteca Nacional llegue a ser la conciencia lectora y crítica del memorialismo cultural del país”. Sin dudas, ese esfuerzo ha sido realizado en estos años en que tantos nos hemos sentido convocados por la Biblioteca Nacional para ser parte de esa memoria y a participar en la construcción de las políticas emancipatorias del presente.

La otra razón que me llevó a acercarme hoy al Anexo Sur, también arrastra una memoria del país que fuimos y del que merecemos ser. En 1937, la Biblioteca Nacional albergó el debut de Buenaventura Luna y su más famoso conjunto: “La Tropilla de Huachi-Pampa no ha venido a Buenos Aires por puro afán exhibicionista ni por puro afán de lucro (…) Ha venido a llamar la atención de los porteños sobre el interior del país, hablándoles el lenguaje sencillo y emocional de la música. Su voz viene desde muy adentro de nuestra historia y está saturada de viejas tradiciones. Sus resonancias irán entonces más allá de los oídos de quienes las recojan, haciendo que vuelvan a mirar lo nuestro, que aquí, ¿quién lo duda?, está algo olvidado”. Aquel folklore llegó y religó a los migrantes internos con su tierra y con su espíritu. Pero hubo luego un notorio quiebre cultural, y el mercado y las empresas aplanaron el oído popular.

Algo de eso charlamos más tarde con el compañero Hugo Fernández Panconi, en un breve encuentro que sin embargo alcanzó para que me explicase su idea del Derecho al Acervo. ¿De qué se trata? De que nos asiste el derecho a nutrirnos de nuestra memoria cultural para no ser esclavos del esquema liberal que clausura el acceso al pasado para que, como planteaba Walsh, siempre tengamos que empezar de cero. Y como me pareció una síntesis brillante, le pido permiso a Panconi para difundir y pedir por el Derecho al Acervo, o para celebrar que en ocasiones como la de hoy en el Anexo Sur Borges-Groussac sean las instituciones públicas, como la Biblioteca Nacional y el Ministerio de Cultura de la Nación, quienes se ocupen del Derecho al Acervo.

Por Carlos Semorile.