El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

jueves, 14 de junio de 2018

“Sentencias del Tata Viejo”



Por Carlos Semorile

Así reza simplemente esta hoja suelta, mecanografiada por Buenaventura Luna en la que, como tantas otras que deben haberse perdido, Eusebio seguía anotando más versos paras sus “Sentencias”. En este caso, con una fuerte impronta espiritual y cristiana:

“¡Qué saben de tus tropiezos
los escombros del camino!...
No hagas nunca el desatino
de fabricar “aleluyas”,
pa´ achacar las faltas tuyas
tan solamente al Destino.

Y aunque por Ley inviolable
no se vive sin dolor,
siempre es más duro el rigor
del que maldice, inconsciente,
culpando a la extraña gente
de su propia falta de amor.

Si sabes cuidar tu alma,
bien podrás vivir contento;
si en el más negro tormento,
si renegar de tu cruz,
buscas salvarte en la luz
que Dios onos ha puesto adentro".

miércoles, 13 de junio de 2018

Luna de Huaco y Las Sentencias del Tata Viejo



Por Carlos Semorile

Las cantantes y músicos Nanzi Tortone, Alicia Dutruel, Juan Carlos Ciallella, Daniel “Chato” Díaz y Elio Balderramo, acaban de representar el espectáculo “Luna de Huaco – Tributo a Buenaventura Luna” en Jáchal, basado en una selección de canciones, poemas y palabras del poeta huaqueño. Luego de la muy receptiva y emotiva respuesta del sensible público jachallero, volverán a presentarse en la ciudad de Córdoba, en esta oportunidad con su versión de “Las Sentencias del Tata Viejo”, obra conceptual basada en los poemas de Buenaventura Luna que en su momento musicalizara bellamente Oscar Valles.

Conversando -vía correo electrónico- de este proyecto con Nanzi Tortone, surgió la idea de utilizar como posible imagen de fondo algunas de las muchas “sentencias” que quedaron afuera de “Las Sentencias”. Las mismas fueron irradiadas dentro de la famosa audición “El Fogón de los Arrieros”, que bajo la dirección de Luna tuvo un espacio en Radio El Mundo desde 1940 hasta 1946. En esta creación radiofónica suya, Buenaventura interpretaba el papel de “capataz de arrieros” que, en las pausas de los fogones realizadas durante la travesía, iba desgranando las sentencias de un personaje legendario y sabio: el Tata Viejo.

Aquí van, pues, algunas de estas otras “Sentencias del Tata Viejo”.

 “Si te gusta ver el circo,
fijate en las payasadas:
las más juertes carcajadas
siempre las suele arrancar,
aquel que debe aguantar
los golpes y bofetadas…

Nu´hay como andar en la mala
pa´ ver claritas las cosas.
Las gentes son caprichosas…
y yo hi oido en los velorios,
después de los responsorios…
las chacotas más graciosas.

Contra penas y tristezas,
una firme fe me asiste…
La mayor juerza consiste
en ver que el mundo se aleja
del cobarde que se queja…,
de lo débil y lo triste.

Y aquí eles debo enseñar
lo que aprendí de un cantor:
‘Si nunca pude, al dolor
separar de mi camino,
le contrapongo el divino
poder grande del amor’.

¡Qué cosa linda es el mundo,
qué linda cosa el querer!...
¡Quién me pudiera golver
aquella dicha perdida…
Nada hay más bello en la vida
que el mirar di´ una mujer!”

miércoles, 2 de mayo de 2018

Instantáneas de un encuentro dichoso



Anoche, 1º de Mayo, presentamos "Huaco, la tierra que yo más amo", en el Stand de San Juan de la Feria del Libro.

Cristian Mallea ofició, con ternura, talento y mesura, de maestro de ceremonia. Explicó el alcance de la iniciativa, que implica echar a andar un sello editorial que forma parte del Centro Cultural Jáchal - La Montaña, e hizo una contundente referencia a una de las principales encrucijadas políticas del país argentino: el problema de la tierra...

José Casas, con su pluma impar, trazó un recorrido poético por los contenidos del libro, y por las biografías de sus autores, todos ligados, de una manera u otra, con aquel "valle que sueña con un lejano horizonte". Rescató asimismo aquel verso de Buenaventura Luna, que ya es de alcance universal:

"Yo tengo de la palabra
sentido claro y diverso.
A veces se me hace canto
porque la entiendo a la vida
como una canción perdida
en medio del Universo."

   Sandra Palomares le puso garra, amor y pasión a las palabras que este servidor escribió como Prólogo del libro. Si el oído no me falla, se comprendió desde el espíritu, y también desde los corazones que la obra de Eusebio Dojorti/Buenaventura Luna es un llamamiento al amor "por su gente, por su idioma, por su filosofía y por su canto. Por el pueblo irredento, por sus aspiraciones, sus creencias y su fe".

   Un emocionado Diego Capdevila, el hijo de Don Tito Capdevila, se fue acrecentando en la voz y el sentimiento a medida que pasaban los temas: una obra de su padre dedicada a Don Buena, Los últimos gauchos, y Vallecito.


Y, entonces, quienes nos acompañaron, y aún quienes acertaban a pasar por allí, pudieron sentir “las piadosas manos magras” de aquella “vieja huaqueña, de negro rebozo pobre, y antiguo credo cristiano”.

Por Carlos Semorile.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

A5



Hace casi un año y medio terminamos un trabajo que a José Casas, a Cristian Mallea y a un servidor, nos llena de orgullo. Se trata de “Huaco, la tierra que yo más amo”, un libro homenaje a Buenaventura Luna y a la tierra que lo vio nacer. Durante cuatro años trabajamos duro reuniendo materiales, articulando ideas, escribiendo capítulos y dibujando una historieta que cuenta un episodio de la vida de Luna.

Según mis cuentas (y en lo que digo de aquí en más quedan deslindados Casas y Mallea), el libro estaba en condiciones de ser editado en 2016, coincidiendo con el 110 aniversario del natalicio de Eusebio Dojorti. Pero se ve que los responsables de las respectivas áreas de cultura estuvieron reponiéndose del ramalazo del “cambio”, cual si se tratase del Terremoto del ´44, y la cosa quedó en nada.

Perdido por perdido, pensamos que éste podría ser el año, y confiamos. Pusimos una fecha para nada imposible –noviembre, mes de la Tradición-, y durante meses y meses nos dedicamos a resolver cada una de las muchas dificultades que nos fueron presentando los encargados de editar el libro. Cualquiera que haya pasado por el noble oficio de imprentero sabe que todo es “para ayer”, y así y todo respondimos con solvencia y siempre “para anteayer”. Pero no alcanzó.

Ayer, cuando el libro estaba a punto de entrar a imprenta, nos desayunamos con un súbito, extravagante e inconsulto cambio de formato. De buenas a primeras, a menos de una semana de viajar para la presentación, nos encontramos con un insólito “A5” que hubiese desdibujado el laborioso diseño original y que nos obligó a parar las rotativas para no terminar editando una chapuza. Increíble. ¿no?

Bueno, no tanto. Lo malo de tener memoria es que, a veces, los recuerdos se imponen, más allá de la voluntad de quien evoca. En mi caso, se me dio por recordar algunas escenas vividas con secretari@s de cultura –municipales, provinciales y nacionales- llen@s “de ideas e iniciativas”, pero tod@s con alguna vocación oculta pero prepotente para el sainete. Habrá quien diga que por algo se empieza, pero…

Pero así no vamos a ninguna parte. No alcanza con repartir tarjetas a diestra y siniestra, si después no se responden los llamados o no se contestan los correos electrónicos. No sirve invitar a alguien si luego se lo destrata, o si se pretende impedir un viaje cultural porque se sale de la “jurisdicción”. Las promesas incumplidas no sólo no suman, sino que restan, y las declaraciones “de interés” sirven si el libro está editado.

Evidentemente, hablamos lenguajes distintos. Es como aquel secretario de cultura que me dijo que no dejara de llamarlo y, cuando lo hice, me pidió que lo contactara “en cinco” porque debía salir de raje a comprar cigarrillos. Debe fumar una marca muy exótica porque nunca más me atendió. Nadie les pide que hagan el laburo de uno. Sólo se les ruega que no lo entorpezcan. Unos elaboramos materiales culturales, los otros juegan a la batalla naval. En este caso, A5 significa “hundido”.

Por Carlos Semorile.