El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

jueves, 23 de septiembre de 2010

1944: Buenaventura Luna y el Terremoto de San Juan

Con motivo de cumplirse nuestro Bicentenario, el área de cine de la TV Pública produjo y puso en el aire una serie de 26 documentales de media hora cada uno. Los capítulos de “Huellas de un siglo”, tal el título del ciclo, abordan distintos acontecimientos cruciales de la vida nacional del siglo XX, desde el Centenario hasta los decisivos sucesos de 2001. Con la dirección de Hernán Khourián, el capítulo dedicado al Terremoto de San Juan -que aquí puede apreciarse en dos partes- toma a Buenaventura Luna como uno de los ejes de su relato. El excelente trabajo del guionista Fernando Ansótegui nos permite conocer la situación social de la provincia antes, durante y después de la tragedia, y -al mismo tiempo- saber de qué modo Buenaventura Luna (residente en Buenos Aires) se involucró en la misma, y qué reflexiones le provocó.

Huellas de un siglo - Terremoto de San Juan - Parte I

Huellas de un siglo - Terremoto de San Juan Parte II

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vitillo Ábalos le deja un flor a Buenaventura Luna

Invitado y homenajeado durante el Tercer Congreso Argentino de Cultura desarrollado en San Juan, don Vitillo Ábalos se hizo una escapada a Huaco y le dejó una flor a Buenaventura Luna. La foto que retrata el emotivo instante es una gentileza de Diego Vázquez Comisarenco.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Buenaventura Luna en el Tercer Congreso Argentino de Cultura

Por Carlos Semorile.
Casi podría decirse que en pocas horas comenzará a sesionar en San Juan el Tercer Congreso Argentino de Cultura. Entre el miércoles 15 y el domingo 19, más de 5.000 participantes arribarán a una ciudad que viene de ser anfitriona del II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía en 2007 y, recientemente, del Primer Congreso Internacional Extraordinario de Ciencia Política. Sin embargo, puede vaticinarse que la convocatoria a un amplio abanico de actividades paralelas al debate académico, provocará una magnífica respuesta popular que se instale como otro de los hitos de este Bicentenario. Mientras las conferencias, y las discusiones en mesas y foros procuren avanzar lo más posible hacia la Ley Federal de Cultura, en las calles seguramente se vivirá una fiesta: con acceso libre y gratuito habrá teatro, cine, artes plásticas, muestras, exposiciones, cafés literarios, talleres diversos y otras muchas actividades, amén de una importante Feria Federal con libros, artesanías y comidas regionales, y recitales de artistas populares. En ese marco, el sábado 18 por la noche músicos locales y nacionales le rendirán un homenaje a Buenaventura Luna. Valoramos mucho este gesto que nace de un genuino amor por el poeta que retrató a su comarca, y por el hombre que consiguió que la metrópoli escuchara -y difundiera- la otra música argentina que no era el tango. Pero si escribimos estas líneas es porque pretendemos incidir para que no se lo enclaustre a Buenaventura en los habituales registros del nostalgioso que solamente evocaba su vallecito “perdido entre la piedra y la arena”. Eusebio Dojorti, si hemos de ser justos a su memoria, sabía de pasados irremediablemente perdidos o por perderse pero, desde muy joven y hasta el último de sus días, miraba hacia el futuro. Es por ello que habló del Corredor Bioceánico (tema de una de las primeras disertaciones del día miércoles), y es por lo mismo que en 1952 viajó a Chile por el todavía pendiente Paso de Agua Negra. Sus escritos de aquel viaje hablan el mismo lenguaje que se escuchará en este Tercer Congreso Argentino de Cultura: la identidad regional en el marco de la integración latinoamericana. En su libreta de anotaciones, como lo señalamos oportunamente, conviven sus puntillosas observaciones del potencial comercial, técnico, industrial, laboral y hasta turístico de este camino, con el registro de las voces comunes a ambos lados de la Cordillera, herencias de una misma raíz indígena. Dojorti/Luna manejaba a la perfección esa doble condición de lo humano que también tendrá su lugar en este Congreso: la de una dimensión material y otra espiritual en inescindible correspondencia. En este sentido, su militancia por la Justicia Social se comprende y se completa con sus batallas culturales: su defensa del indio y del gaucho, y su permanente dignificación del criollo como arquetipo del argentino mestizo que merece una oportunidad en su propia tierra; su primigenia defensa del regionalismo frente a una capital con comportamientos virreinales, pero sobre todo su desprecio por un intelectualismo que anhelaba respuestas europeas para problemas argentinos; sus diversas propuestas -hoy más vigentes que nunca- para que el flujo de la comunicación se “descentrara” y el país dejara de desconocerse en su diversidad y pluralidad (durante este Tercer Congreso, habrá conferencias y mesas redondas que abordarán esta problemática). Podríamos continuar dando ejemplos de un pensamiento que no está -acaso porque no lo estuvo nunca- en el pasado, y que todavía tiene aportes que realizar, a condición que abandonemos la comodidad del ícono ya conocido. Y que seamos capaces de leer con desprejuicio a este sanjuanino periférico que trabajó sobre el dilema “civilización ó barbarie” y lo reformuló en sus propios términos: “Una civilización puede derrumbarse, y se derrumba. Pero la cultura no; a la larga el hombre siente necesidad de buscarse en lo nacional, en sus cantares y en sus coplas”. Un lema, creemos, bajo el que se pueden discutir unas cuantas cosas de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro porvenir.

Dúo Coplanacu - Pampa del chañar

jueves, 2 de septiembre de 2010

Eusebio Dojorti, militante y periodista

Por Carlos Semorile.
La reglamentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (o, más sencillamente, la Ley de Medios de la Democracia) resulta una excelente oportunidad para ahondar un poco en las cosas que habitualmente se dicen cuando se habla del Dojorti periodista. Se menciona, y es justo que así sea, que Eusebio publicó su primer artículo cuando apenas contaba con doce años: fue en el periódico jachallero “Nuevos Horizontes”, y allí también aparecieron “unas décimas adolescentes a un amor frustrado” (en Buenaventura Luna, su vida y su canto, de Gargiulo, Yanzi y Vera). También se cuenta su paso por los periódicos La Reforma y Debates, órganos oficiales del Bloquismo, y de allí se pasa al momento en que, sin desafiliarse de la UCR Bloquista, funda el periódico La Montaña con el propósito de oponerse al cantonismo cuando éste formalizó su alianza con los conservadores. Luego, se relata el cierre compulsivo de La Montaña, el secuestro de Dojorti y sus compañeros de redacción, y su reclusión en la cárcel cordillerana de Tamberías. Se sabe que luego de 77 días de cautiverio logran fugarse de la misma con la ayuda del miliciano Rodolfo Flores (un antiguo peón de la finca huaqueña de sus padres), pero se conoce menos que al llegar a la capital mendocina fueron recibidos por una multitud que escuchó las palabras que los evadidos les dirigieron desde los balcones del diario La Libertad. El relato pormenorizado de estos hechos (que van aproximadamente de 1924 a 1932) nos llevaría mucho más espacio del que aquí disponemos. Sin embargo, es necesario hacer algunas precisiones porque, aún sin tener en menos su vocación por las letras, lo cierto es que Dojorti hace su ingreso de adulto joven al periodismo desde la militancia y al servicio de una causa. Que era, justamente, “La Causa” a la que se refería Hipólito Yrigoyen cuando llamaba a combatir al “Régimen” oligárquico; es decir: la posibilidad de que las grandes mayorías argentinas pudieran ejercer sus derechos políticos. En las provincias cuyanas de Mendoza y San Juan este proceso tuvo sus propias características y asimismo sus propios líderes, cuyos “logros sociales sobrepasaron las moderadas ambiciones del Partido Radical a nivel nacional” (en Lencinas y Cantoni -El populismo cuyano en tiempos de Yrigoyen-, de Celso Rodríguez). La magnitud de estos logros sociales (que los hermanos Cantoni impulsaron en San Juan todavía con mayor profundidad que los mendocinos Lencinas, padre e hijo), fue lo que sedujo a Eusebio y lo acercó, primero, a las lecturas necesarias como para poder sentarse de igual a igual en las tertulias de la vida intelectual de la ciudad, lo que equivale a decir en la vida política de la capital sanjuanina. El Eusebio Dojorti que comienza a escribir en los periódicos bloquistas es, pues, un militante que lucha contra el conservadurismo que, desde la oposición, llegará a extremos inusitados de violencia simbólica a través de la prensa escrita. Por citar solo un par de ejemplos: desde Buenos Aires el diario La Prensa decía que el cantonismo era una mezcla de “prepotencia caudillesca y populachera exaltación”, y en la propia San Juan el diario La Época denostaba constantemente a Federico Cantoni y a su movimiento: “desborde de barbarie, iracundia salvaje, personaje de toldería, sátrapa, gobierno bárbaro y barbarizante, comunismo semigaucho, oficialismo mazorquero”. En ese clima de hostigamiento permanente, pero también de absoluta libertad de prensa, Eusebio Dojorti irá formándose como redactor de La Reforma y Debates, desde los cuales se respondían las críticas: “La Reforma ridiculizó a La Nación y La Prensa porque informaban a sus lectores sobre la situación industrial en Vladivostok o sobre la muerte de tres chinos en Shanghai a causa de una peste (…) Era más imperativo y relevante, sostenía La Reforma, informar acerca de la situación económica y social en el interior del país que publicar un detallado informe sobre el costo de vida en Nueva Zelandia”. Son justamente este tipo de comentarios los que implican un debate amplio sobre el rol profundo del periodismo, su papel como ocultador o como formador, y es en medio de esa fuerte disputa política que Dojorti se forja como militante y periodista, es decir, como un periodista que tiene una opinión y no la oculta detrás de la habitual mascarada de imparcialidad y objetividad. O de “periodismo independiente”, como dice el “slogan” del Monopolio por estos agitados días que preludian su caída. Para cerrar, digamos simplemente que Eusebio Dojorti siguió ejerciendo el periodismo casi hasta el final de sus días, publicando en medios locales y nacionales de Argentina y Chile. El hecho de que sus artículos aparecieran bajo el seudónimo de Buenaventura Luna no cambia lo esencial: su palabra seguía estando al servicio de una idea, y esa causa fue, como siempre, la de “la chusma de alpargata”.