El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Eusebio Dojorti, militante y periodista

Por Carlos Semorile.
La reglamentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (o, más sencillamente, la Ley de Medios de la Democracia) resulta una excelente oportunidad para ahondar un poco en las cosas que habitualmente se dicen cuando se habla del Dojorti periodista. Se menciona, y es justo que así sea, que Eusebio publicó su primer artículo cuando apenas contaba con doce años: fue en el periódico jachallero “Nuevos Horizontes”, y allí también aparecieron “unas décimas adolescentes a un amor frustrado” (en Buenaventura Luna, su vida y su canto, de Gargiulo, Yanzi y Vera). También se cuenta su paso por los periódicos La Reforma y Debates, órganos oficiales del Bloquismo, y de allí se pasa al momento en que, sin desafiliarse de la UCR Bloquista, funda el periódico La Montaña con el propósito de oponerse al cantonismo cuando éste formalizó su alianza con los conservadores. Luego, se relata el cierre compulsivo de La Montaña, el secuestro de Dojorti y sus compañeros de redacción, y su reclusión en la cárcel cordillerana de Tamberías. Se sabe que luego de 77 días de cautiverio logran fugarse de la misma con la ayuda del miliciano Rodolfo Flores (un antiguo peón de la finca huaqueña de sus padres), pero se conoce menos que al llegar a la capital mendocina fueron recibidos por una multitud que escuchó las palabras que los evadidos les dirigieron desde los balcones del diario La Libertad. El relato pormenorizado de estos hechos (que van aproximadamente de 1924 a 1932) nos llevaría mucho más espacio del que aquí disponemos. Sin embargo, es necesario hacer algunas precisiones porque, aún sin tener en menos su vocación por las letras, lo cierto es que Dojorti hace su ingreso de adulto joven al periodismo desde la militancia y al servicio de una causa. Que era, justamente, “La Causa” a la que se refería Hipólito Yrigoyen cuando llamaba a combatir al “Régimen” oligárquico; es decir: la posibilidad de que las grandes mayorías argentinas pudieran ejercer sus derechos políticos. En las provincias cuyanas de Mendoza y San Juan este proceso tuvo sus propias características y asimismo sus propios líderes, cuyos “logros sociales sobrepasaron las moderadas ambiciones del Partido Radical a nivel nacional” (en Lencinas y Cantoni -El populismo cuyano en tiempos de Yrigoyen-, de Celso Rodríguez). La magnitud de estos logros sociales (que los hermanos Cantoni impulsaron en San Juan todavía con mayor profundidad que los mendocinos Lencinas, padre e hijo), fue lo que sedujo a Eusebio y lo acercó, primero, a las lecturas necesarias como para poder sentarse de igual a igual en las tertulias de la vida intelectual de la ciudad, lo que equivale a decir en la vida política de la capital sanjuanina. El Eusebio Dojorti que comienza a escribir en los periódicos bloquistas es, pues, un militante que lucha contra el conservadurismo que, desde la oposición, llegará a extremos inusitados de violencia simbólica a través de la prensa escrita. Por citar solo un par de ejemplos: desde Buenos Aires el diario La Prensa decía que el cantonismo era una mezcla de “prepotencia caudillesca y populachera exaltación”, y en la propia San Juan el diario La Época denostaba constantemente a Federico Cantoni y a su movimiento: “desborde de barbarie, iracundia salvaje, personaje de toldería, sátrapa, gobierno bárbaro y barbarizante, comunismo semigaucho, oficialismo mazorquero”. En ese clima de hostigamiento permanente, pero también de absoluta libertad de prensa, Eusebio Dojorti irá formándose como redactor de La Reforma y Debates, desde los cuales se respondían las críticas: “La Reforma ridiculizó a La Nación y La Prensa porque informaban a sus lectores sobre la situación industrial en Vladivostok o sobre la muerte de tres chinos en Shanghai a causa de una peste (…) Era más imperativo y relevante, sostenía La Reforma, informar acerca de la situación económica y social en el interior del país que publicar un detallado informe sobre el costo de vida en Nueva Zelandia”. Son justamente este tipo de comentarios los que implican un debate amplio sobre el rol profundo del periodismo, su papel como ocultador o como formador, y es en medio de esa fuerte disputa política que Dojorti se forja como militante y periodista, es decir, como un periodista que tiene una opinión y no la oculta detrás de la habitual mascarada de imparcialidad y objetividad. O de “periodismo independiente”, como dice el “slogan” del Monopolio por estos agitados días que preludian su caída. Para cerrar, digamos simplemente que Eusebio Dojorti siguió ejerciendo el periodismo casi hasta el final de sus días, publicando en medios locales y nacionales de Argentina y Chile. El hecho de que sus artículos aparecieran bajo el seudónimo de Buenaventura Luna no cambia lo esencial: su palabra seguía estando al servicio de una idea, y esa causa fue, como siempre, la de “la chusma de alpargata”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario