El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Buenaventura Luna en el Tercer Congreso Argentino de Cultura

Por Carlos Semorile.
Casi podría decirse que en pocas horas comenzará a sesionar en San Juan el Tercer Congreso Argentino de Cultura. Entre el miércoles 15 y el domingo 19, más de 5.000 participantes arribarán a una ciudad que viene de ser anfitriona del II Congreso Internacional Extraordinario de Filosofía en 2007 y, recientemente, del Primer Congreso Internacional Extraordinario de Ciencia Política. Sin embargo, puede vaticinarse que la convocatoria a un amplio abanico de actividades paralelas al debate académico, provocará una magnífica respuesta popular que se instale como otro de los hitos de este Bicentenario. Mientras las conferencias, y las discusiones en mesas y foros procuren avanzar lo más posible hacia la Ley Federal de Cultura, en las calles seguramente se vivirá una fiesta: con acceso libre y gratuito habrá teatro, cine, artes plásticas, muestras, exposiciones, cafés literarios, talleres diversos y otras muchas actividades, amén de una importante Feria Federal con libros, artesanías y comidas regionales, y recitales de artistas populares. En ese marco, el sábado 18 por la noche músicos locales y nacionales le rendirán un homenaje a Buenaventura Luna. Valoramos mucho este gesto que nace de un genuino amor por el poeta que retrató a su comarca, y por el hombre que consiguió que la metrópoli escuchara -y difundiera- la otra música argentina que no era el tango. Pero si escribimos estas líneas es porque pretendemos incidir para que no se lo enclaustre a Buenaventura en los habituales registros del nostalgioso que solamente evocaba su vallecito “perdido entre la piedra y la arena”. Eusebio Dojorti, si hemos de ser justos a su memoria, sabía de pasados irremediablemente perdidos o por perderse pero, desde muy joven y hasta el último de sus días, miraba hacia el futuro. Es por ello que habló del Corredor Bioceánico (tema de una de las primeras disertaciones del día miércoles), y es por lo mismo que en 1952 viajó a Chile por el todavía pendiente Paso de Agua Negra. Sus escritos de aquel viaje hablan el mismo lenguaje que se escuchará en este Tercer Congreso Argentino de Cultura: la identidad regional en el marco de la integración latinoamericana. En su libreta de anotaciones, como lo señalamos oportunamente, conviven sus puntillosas observaciones del potencial comercial, técnico, industrial, laboral y hasta turístico de este camino, con el registro de las voces comunes a ambos lados de la Cordillera, herencias de una misma raíz indígena. Dojorti/Luna manejaba a la perfección esa doble condición de lo humano que también tendrá su lugar en este Congreso: la de una dimensión material y otra espiritual en inescindible correspondencia. En este sentido, su militancia por la Justicia Social se comprende y se completa con sus batallas culturales: su defensa del indio y del gaucho, y su permanente dignificación del criollo como arquetipo del argentino mestizo que merece una oportunidad en su propia tierra; su primigenia defensa del regionalismo frente a una capital con comportamientos virreinales, pero sobre todo su desprecio por un intelectualismo que anhelaba respuestas europeas para problemas argentinos; sus diversas propuestas -hoy más vigentes que nunca- para que el flujo de la comunicación se “descentrara” y el país dejara de desconocerse en su diversidad y pluralidad (durante este Tercer Congreso, habrá conferencias y mesas redondas que abordarán esta problemática). Podríamos continuar dando ejemplos de un pensamiento que no está -acaso porque no lo estuvo nunca- en el pasado, y que todavía tiene aportes que realizar, a condición que abandonemos la comodidad del ícono ya conocido. Y que seamos capaces de leer con desprejuicio a este sanjuanino periférico que trabajó sobre el dilema “civilización ó barbarie” y lo reformuló en sus propios términos: “Una civilización puede derrumbarse, y se derrumba. Pero la cultura no; a la larga el hombre siente necesidad de buscarse en lo nacional, en sus cantares y en sus coplas”. Un lema, creemos, bajo el que se pueden discutir unas cuantas cosas de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro porvenir.

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