El Pensamiento de Buenaventura Luna
lunes, 7 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
miércoles, 19 de enero de 2011
105 Aniversario del natalicio de Buenaventura Luna
Por Carlos
Semorile
En
este nuevo aniversario del nacimiento de Eusebio Dojorti (a quien los huaqueños
llaman sencillamente “El Poeta”), decidimos homenajearlo publicando dos poemas
suyos muy poco conocidos.
El
primero de ellos, “Vengo de todos los tiempos”, un sentido compendio de su
propia vida que Buenaventura recitó en una de las emisiones de su programa
“El Canto Perdido” (Radio Belgrano, 1949).
Vengo de todos los tiempos,
crucé todos los caminos;
en encontrados destinos
luché duro con la suerte,
y apagó mi sed de muerte
el agua de los molinos.
Niño… corrí por los campos
-pájaro libre y sin nido-.
No me importa si he sufrido,
que en esta carrera larga
no hallé decepción amarga
porque nunca fui vencido.
Sendas trazaron mis plantas,
huellas mi antigua carreta;
no sé si llegué a la meta
por un camino de asfalto
o si volando muy alto
chocaré con un cometa.
He de cantar hasta el fin
al bosque, al cerro, a la estrella;
a alguna chinita bella,
al algarrobo, al chañar,
hasta que el gaucho cantar
deje en las almas su huella.
Y
este otro, “Supuesto que ya no me quieres”, que Juan “Tata” Cedrón
musicalizó bellamente y estrenó hace poco más de un año en el programa de
Ricardo Luis Acebal en Radio Cooperativa:
Supuesto que ya no me quieres
pintar de tardecita,
se tira a campo ajuera,
mi jachallera,
tu guitarrita.
Se va cantando triste,
buscando un rancherío,
tal vez en tierra ajena
un alma güena
me diga “mío”.
Nos tiremos pa´ Chile,
tierra de bellas flores,
que allá matan las penas
lindas chilenas
con sus amores.
Bailando alguna cueca,
tal vez nos olvidemos
que las mozas cuyanas
son tan tiranas
si las queremos.
Triste al guitarrear,
te he de recordar
y, en sueños, mis antojos
tus labios rojos
han de besar.
Y
para el final, cerramos con estas palabras de la periodista y productora
sanjuanina Rosa Inés Amín: “Hoy en la mesa brindaré para celebrar el día en que
este inmenso hombre vino al mundo. Ya nunca más se irá, por el propio peso de
su existencia”.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Homenaje a Buenaventura Luna en el 50º aniversario de la Fiesta de la Tradición Jachallera
(En la foto, de izquierda
a derecha: José Casas, Hebe Almeida de Gargiulo, Antonio Rodríguez Villar -en
uso de la palabra-, Carlos Semorile, Guillermo Madero Marenco y Atilio Reynoso
-músicos y miembros de
Por Carlos Semorile
El sábado 20 de noviembre se realizó en Jáchal un homenaje
a Buenaventura Luna, en el marco del 50º Aniversario de
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Buenaventura Luna y la Cultura como Reclamo de Futuro (Fragmento)
Por Carlos Semorile
En el Día de
Buenaventura Luna es
reconocido como un notable poeta, como un inspirado compositor del folklore
nativo, y porque en ambas disciplinas supo reflejar la vida y el sentir de su
pueblo. Como fue uno de los pioneros, muchos lo consideran un tradicionalista
férreo. Olvidan que la vanguardia folklórica de los años ´60 consideró que su
obra permitió revitalizar el “solemne cadáver” en que se había convertido el
cancionero nativo gracias a los celosos guardianes de “las formas estrictamente
tradicionalistas y recopilativas” (Manifiesto del Nuevo Cancionero). Pero
cuando a mediados de los ´30 lleva a su Tropilla de Huachi-Pampa a las radios
de Buenos Aires, Luna intentaba, mediante el “lenguaje
sencillo y emocional” de las canciones nativas, que Argentina
volviera a ser interesante para los argentinos.
Se trataba de un tradicionalismo,
sí, pero arraigado en nuestra matriz cultural mestiza y atravesado por la misma
conciencia nacional y social que antes lo había arrimado a una muy activa
militancia política. Un tradicionalismo interesado en las industrias aborígenes
pero también en las más modernas industrias; en los ancestrales relatos orales
y asimismo en el flujo intelectual contemporáneo y vivificante de cada región;
en el canto no domesticado por las corporaciones de la masificación y la
vulgarización del oído y el gusto popular; y, en definitiva, interesado en la
cultura del pueblo dejada a un lado por la cultura oficial. Hay otro
tradicionalismo -o “nacionalismo de duelo”- que sale al rescate de una
tradición gloriosa y heroica sin duda, pero que, finalizada y concluida como está,
representa tan sólo una “tradición”; es decir: un pasado que ha perdido su
futuro, un museo de nostalgias sin capacidad de transformar la realidad.
Buenaventura, en cambio,
formaba parte de un renacimiento cultual que buscaba afanosamente la revolución
política que plasmara la modernización humana de las tradiciones nacionales en
vez de asistir pasivamente a la liquidación insensible de las mismas. Hay dos
momentos, situados en los extremos de su experiencia vital, que nos habilitan a
pensarlo de este modo. A los 16 años, un precoz Eusebio Dojorti acababa de
recorrer por su cuenta el país desde Chubut hasta Jujuy, y trataba de comunicar
el diagrama exclusivamente agroexportador de
A los 46 años, sólo tres
antes de morir, Luna realizó un viaje a Chile con el objetivo de alentar las
obras del Camino Internacional San Juan-La Serena. Creía que la integración
regional incentivaba las posibilidades del comercio y de las industrias locales
-a través del Corredor Bioceánico-, amén de revitalizar históricos lazos
culturales. Le desagradaría saber que aquel proyecto -que potenciaba nuestras
capacidades industriales, científicas y técnicas- nunca se concretó; pero le
entusiasmaría saber que hoy el camino vuelve a ser prioritario y que existen
acuerdos para que su realización vuelva a ponerse en marcha.
martes, 5 de octubre de 2010
70 Aniversario de “El Fogón de los Arrieros”
Por Carlos
Semorile
El
lunes 7 de Octubre de 1940 comenzaba a irradiarse, desde Radio El Mundo de Buenos
Aires y para gran parte del territorio nacional, El Fogón de los Arrieros, un programa escrito por Buenaventura Luna
y animado por él mismo y por su conjunto
Es
mucho lo que se ha escrito respecto de la adhesión que logró aquella audición en
un público que, como el propio Eusebio Dojorti y sus cachorros de
En
este sentido, El Fogón de los Arrieros
fue uno de esos fenómenos culturales que suelen anticiparse a los sucesos
revolucionarios en la medida en que actúan como activos revalorizadores de la
propia cultura y, por ello mismo, despejan el camino para la toma de conciencia
de lo medular del drama nacional. Leamos cómo se despedía, el 16 de Diciembre
del ´40, ese primer año del programa:
El éxito no ha sido casual. El material básico de
Buenaventura Luna fue honradamente concebido y realizado; el gaucho, su vida y
sus andanzas, justamente enfocados, tenían la humana pureza de la sencillez y
de la verdad; se supo renunciar al éxito teatral para imponer las inquietudes y
las alegrías del paisano y todo ello en el marco de verdadero sentimiento
criollo. Así fue como El Fogón de los Arrieros se adentró a galope tendido en
el corazón de los oyentes (…) Debemos agradecer a los oyentes, el favor de su
atención y la cuantiosa correspondencia de aplauso con que nos honraron, y
también debemos pedirles disculpas si aun no se ha contestado toda esa
correspondencia y, al mismo tiempo, que nos perdonen por la renuncia
sistemática a recibir visitas durante la transmisión. Ese hermetismo se debió
al deseo de mantener el encanto imaginativo, el ensueño del oyente, que
frecuentemente suele desvanecerse después de ver la acción dentro del estudio.
Para
finalizar, tomemos un ejemplo al azar de un pequeño fragmento de aquellos
libretos que Buenaventura Luna iba “tecleando como uno obseso, y era puro mate”
que su compañera, Olga Maestre, le cebaba mientras velaba la parición nocturna
de sus trabajos:
Silenciosa y liviana, la nieve ha puesto un lienzo
blanco en las laderas serranas. Hacen los arrieros el camino que juega al
escondite y se pierde a cada rato entre los altos fantasmas de los montes,
entre el caldén y la chilca, que asoma a veces de la nieve que acalla los ecos
sonoros de la tropa. Cuestas y repechos, vueltas y más vueltas, llega por fin
el codiciado alto en el camino, el ansiado fogón, la consabida rueda de hombres
y guitarras y el esperado relato del capataz que bien puede ser un trozo de la
apasionante leyenda de Sinecio Trenzales, algunas sabrosas y concienzudas
sentencias del Tata Viejo, alguna colorida escena en los ranchos de “Ña
Bailona,
¿Hace cuánto que los oídos de los oyentes no son tratados con la delicada sonoridad que su atención merece? El libretista va depositando -melodioso, armónico- palabras que requieren, pero a la vez crean, un cierto tipo de oyente -refinado, sutil-, y la escucha se vuelve atenta a la espera -podría decirse que a la “pesca”- de la próxima perla que está por cruzar el éter. ¡Qué lujo! Años febriles de la radiotelefonía argentina: ¿se llega a valorar lo que tuvo entre manos, lo que ella misma propaló con tan intensa dignidad para el escucha? Aquel oyente-cazador posiblemente se haya perdido en el tiempo, huérfano de las palabras que, con su poder y su magia, lo invitaban a celebrar su propia cultura nacional.