El Pensamiento de Buenaventura Luna

Eusebio de Jesús Dojorti, popularmente conocido como Buenaventura Luna, fue un destacado folklorista sanjuanino nacido en 1906 en Huaco y fallecido en 1955 en la ciudad de Buenos Aires. Pese a que éste es su perfil más conocido, su trayectoria pública tuvo muchas otras facetas: fue militante político, periodista, escritor costumbrista; creador, director y productor artístico de grupos de música nativa; libretista y animador de sus propios programas radiales; poeta, músico, letrista y recitador. En cada una de estas áreas puede rastrearse una rabiosa piedad política por el semejante, por el hombre y la mujer humildes del país argentino, por la Justicia Social. Este blog intentará dar cuenta de la originalidad y la riqueza que Dojorti/Luna desarrolló en su infatigable laborar en el ámbito de la Cultura Popular: una reflexión que puede enmarcarse dentro del Pensamiento Nacional pero también, y a la vez, un pensamiento propio. Un Pensamiento Dojortiano.

miércoles, 1 de julio de 2015

Con Buenaventura Luna como bandera



Cuando en Jáchal se habla de Buenaventura Luna, por lo general, se lo menciona en un binomio junto con la palabra tradición. Esto, siendo así, deja por fuera otras dimensiones igualmente ciertas de Eusebio, pues Dojorti fue -al mismo tiempo- un tradicional y un moderno, un recopilador y un innovador, un poeta nostálgico que a la vez era un revolucionario. Esto lo percibieron con claridad los jóvenes que en 1963 fundaron el Movimiento Nuevo Cancionero: “Hasta el advenimiento de Buenaventura Luna y Atahualpa Yupanqui, el cancionero nativo se mantuvo en la etapa de formas estrictamente tradicionalistas y recopilativas. Se vertía el tema tal cual había sido hallado: en su versión primaria con pocos y esporádicos aportes creadores que, casi sin excepción, se esforzaban por respetar el canon tradicional. De este celo por las formas originarias y puras, sobrevendrán luego los vicios que quieren hacer del cancionero popular nativo, un solemne cadáver”. El canto tradicional había devenido “en un folklorismo de tarjeta postal”, y fue “con Buenaventura Luna, en lo literario y con Atahualpa Yupanqui, en lo literario musical, con quienes se inicia un empuje renovador que amplía su contenido sin resentir la raíz autóctona”. Para estos muchachos, Luna y Yupanqui tuvieron una fuerte “vocación de expresar renovadamente la canción popular nativa”.

Este debate es, en verdad, parte de un problema más amplio como lo es de “expresar renovadamente” las tradiciones en general. Toda comunidad que se precie tiene un conjunto de tradiciones en las cuales se refleja y se reconoce. Pero para que ello suceda de un modo vivificante, es preciso que las mismas mantengan su vitalidad porque, de lo contrario, pueden convertirse en el “solemne cadáver” del que habla el Manifiesto del Nuevo Cancionero. Ahora bien, sucede que Eusebio Dojorti no sólo participó de la renovación del cancionero nativo, si no que se involucró -como militante político primero, y luego como militante cultural- en el “aggiornamiento” de las tradiciones federales y populares a través del Bloquismo y el radicalismo yrigoyenista, y más tarde en la continuación del movimiento nacional que representó el Peronismo. Dojorti, como él mismo lo expresó, se sintió identificado con la bandera de la Justicia Social, que es lo mismo que decir la justicia para el pobre, para el manso, para el argentino humilde y sufrido de cien años de incomprensión y de indiferencia política y social”. El legado peronista se hizo síntesis en tres banderas –independencia económica, soberanía política y justicia social- que ya son, sin duda alguna, un resumen de la larga tradición de las luchas de todo el pueblo argentino en su conjunto a lo largo de su historia.

La crisis política del año 2001 supuso, entre otras muchas cosas, la posibilidad cierta del desmembramiento de la Argentina junto con la sepultura de un peronismo “de tarjeta postal”. Pero aparecieron Néstor y Cristina Kirchner para darle “un empuje renovador que amplió su contenido sin resentir la raíz” popular, nacional y democrática del movimiento nacional. Ellos supieron “expresar renovadamente” las mejores tradiciones socialmente justicieras, esas en las cuales se reflejan y se reconocen las grandes mayorías argentinas. Y en este contexto de recuperación de la Patria y de reparación de los males que nos dejara la larga noche neoliberal, aparecen unos jóvenes peronistas jachalleros que levantan las mismas ideas de Eusebio Dojorti y deciden llevar su nombre como bandera. Por todo lo que llevamos dicho, el surgimiento de “La Buenaventura” nos parece un suceso de hondas implicancias desde el momento en que rescatan a Eusebio como militante político y cultural. Es un reconocimiento inmenso a su figura, y es un enorme compromiso frente a una comunidad que tiene a Luna como faro de la tradición, pero que a veces lo desconoce como referente de la revolución. Les espera un arduo trabajo reflexivo en la encrucijada donde se juntan lo político con lo cultural. Tal como hizo el propio Eusebio Dojorti hasta alcanzar el nombre de Buenaventura Luna.

Por Carlos Semorile.

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